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Full text of "Rasgos biográficos del almirante Luis Brión, ilustre prócer de la independencia"

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Recios biográficos .-J Almirante 

LÜ15 BWON. 



Ilustre Procer de !a ladependeacia 




ESCUDO DE LA GRAN COLOMBIA 
1819-1830 



(JARAi'AH 
TIPOGRAFÍA AMEKICAÑ'A 



Valor: Bs. 4 




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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OE 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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3. ID. SElUflS GARCÍA 



RASGOS BIOGRÁFICOS 
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CER DE hA inDEPEP- 
- - - -DEDClfl- - - - 



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TIPOGRAFÍA AfflERICAnA 
CARACAS - 1921 



DEDICATORIA 



Al Excelentíáimo Señoz W. G. E. DAztillac 
Bzill, Enviado Extzaotdinazio v Miniótzo 
Plenipotenciazio de /oó Paíóeó Bajoá, v a la 
Honozable Colonia Holandeóa, con motivo 
del C entenazio de la mnezte del Iluátze Pzó- 
cez de la Independencia, A Imizante Luió 
Bzión. 

El Autor. 



Errata.— En la pág. 33, línea 4*, donde dice: «y arabos me perdonen», 
debe leerse : y ambos nos perdonen. Asimismo, otros errores de menor 
cuantía, quedan a caigo del lector. 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hil 



http://archive.org/details/rasgosbiogrficosOOseij 



^'^i^ji^i^i^i^^i^i^i^i^^^^i^i^Ji^i^i^t^a^i^^ 



La historia no documentada es indigna de la 
posteridad. 

Juan de Dios Uribe. 



(1). Acontece con frecuencia que los pueblos ol- 
vidan el nombre y hasta las obras de sus eximios bene- 
factores o no le hacen la justicia debida a sus mereci- 
mientos, cuando no proyectan sombras sobre sus gran- 
des inmortales hechos. 

Y así ha acontecido por desgracia, en todas las eda- 
des, pero no es menos cierto que también hubo almas no- 
bles que exaltaran las virtudes de los. buenos, a despecho 
de los malos, quienes fueran siempre los más. 

No queremos ocurrir a los griegos ni a los romanos, 
ni a los hijos de Israel siquiera, para comprobar esta 
verdad, contentándonos con citar un solo nombre, el de 
Colón, cuyos perseguidores no alcanzaron a compren 
derle. 

Empero, la justicia postuma brilló al cabo en todo 
su esplendor y el nombre del ilustre genovés es hoy reve- 
renciado por todos los pueblos cultos. 



! 



—3 



E L A L MI R A N T E B R I O N 

v 

Y si una Reina nobilísima no dudó ni por un instan- 
te en alentar al sabio extranjero- que a sus puertas tocara 
en solicitud de auxilios para abordar su atrevida empre- 
sa, asimismo Brión no vaciló al poner a las órdenes 
del Libertador sus cuantiosas riquezas y su energía 
toda, para la liberación del mundo que aquél descubrie- 
ra. Mas, antes de entrar en otro orden de considera- 
ciones, vamos a ver quién fué aquel varón ilustre que. 
sin vinculaciones en la Gran Colombia, sin aspiraciones 
personales de ningún género y solo alentado por las ideas 
democráticas proclamadas por el Libertador, todo lo 
ofrendara en aras de la causa que, en definitiva, será la 
causa del mundo. 

No fué Brión un aventurero, ni mucho menos; y 
hasta pudiera decirse que sus inclinaciones libertarias 
eran contrarías a las de sus ascendientes, acostumbrados 
éstos a un orden político diametralmente opuesto al 
régimen democrático. 

Por su cuna y por la esmerada educación que reci- 
biera, no parecía, como el Libertador, llamado a arries- 
gar su vida y sus intereses por una causa de la cual nada 
esperaba y así es que fué otro inmortal hijo de Cer- 
vantes. 

Nació en Curazao el 6 de julio de 1782, de padres 
distinguidos, siendo bautizado el mismo día, según 
consta de la partida de bautismo que copiamos a conti- 
nuación, tomada del libro respectivo de la Iglesia Santa 
Ana de Curazao : 

"Anno Dmi 1782, die 6 julii baptizatus et Philip- 
pus Ludovicus, filius legitimus Pietri Brión et Mariae 
de Trox conjungun. Susc. Carolus La Croix et Eli- 
zabeth Thielen, vidua domine Joannis Labadie. Bapti- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

zavit F. Theodorus Brouvers, Pastor et Pref. Mis- 
sionis". 

Como se ve, no se llamó Pedro Luis, como todavía 
lo creen algunos que no están al tanto de estas cosas ; y 
más bien en todos sus documentos públicos y privados 
siempre firmaba "Luis Brión", como puede averiguarse 
consultando los que dejara a su muerte. 

Así, pues, apenas salió de la irffancia (dice Jesu- 
run), sus honorables progenitores lo enviaron a Holan- 
da, donde recibió la más esmerada educación, colocán- 
dole luego en una importante, casa mercantil s de Ans- 
terdam. 

Cuando la campaña de 1779 contra los ingleses, 
renunció el puesto que ocupara inteligentemente, alis- 
tándose como voluntario en la valiente Compañía de 
Cazadores que mandara el ínclito Chasse. Hecho pri- 
sionero en un combate, donde pusiera a prueba su bra- 
vura fué destinado a Inglaterra con las mayores consi- 
deraciones. 

Habiendo recuperado su libertad, regresó a Holan- 
da, permaneciendo en este país hasta el día en que se 
firmara la paz de ^miens, en cuya época tornó a la 
tierra donde viera la luz primera. 

En 1805 siendo Brión Comandante de las milicias 
curazoleñas, tuvo ocasión de distinguirse por su valor 
y por su pericia militar, en la recia pelea contra los in- 
gleses en el cerro llamado "Kabrietenberg". 

Después de este glorioso hecho de armas, el Gober- 
nador de la Isla le ofreció un honorífico puesto militar ; 
mas, como ya todo había terminado, prefirió dedicarse, 
como lo hizo, al comercio y a la marina. 

—5 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Por otra parte, era sumamente rico y el servicio de 
plaza no cuadraba a la actividad de su carácter que tenía 
la inquietud de la ola. Empero, contra todo lo previsto, 
dice un cronista : "El 21 de marzo, 14 meses después 
que los ingleses recibieran una contestación negativa 
sobre la entrega de nuestra Isla, apareció delante del 
puerto una escuadra inglesa compuesta de siete buques 
de guerra y coman4ada por el Comodoro Murray, quien 
nos impuso un bloqueo". 

"Murray, después de algún tiempo, viendo que su 
bloqueo no le daba ventaja alguna, trató de establecerse 
en tierra, para cuyo efecto escogió el Castillo de Beeken- 
burg que está situado en unas rocas elevadas, pensando, 
muy acertadamente, que una pequeña fuerza, defendida 
por los cañones del castillo, bastaría a sostener el blo- 
queo con buen éxito, por lo que desembarcó en julio de 
1805 algunas tropas en la parte oriental de Beekenburg 
y se posesionó de Kabrietenberg, que domina el castillo. 

La guarnición holandesa se vio obligada a abando- 
narlo y a esconderse detrás de las rocas, lo que hizo que 
casi se apoderasen los ingleses de él, pero una división 
de la fuerza veterana, mandada por el Mayor Schwartz 
y algunos milicianos mandados por Luis Brión, llega- 
ron a tiempo para impedir la intención de Murray". 

"Este último formó el bizarro plan de dar la vuelta 
al cerro y cortar de esta manera al enemigo toda comu- 
nicación con el mar. 

"Los ingleses creyendo inexpugnable su posición, 
empezaron a hacer fuego contra los milicianos, pero 
como sus cañones estaban a una altura regular, todas 
las balas pasaban por sobre las cabezas de los curazole- 
ños y alcanzando éstos el pie del cerro, se hallaron fuera 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

del alcance de las balas enemigas. Por fin comprendie- 
ron los ingleses la intención del valiente Brión y te- 
miendo que fuesen impedidos de alcanzar sus buques, 
abandonaron precipitadamente el cerro, dejando sus ca- 
ñones y elementos de guerra en poder de nuestros sol- 
dados, los que, estimulados por el buen éxito, persi- 
guieron a los ingleses hasta la orilla, donde cogieron a 
muchos prisioneros, mientras una parte alcanzaba na- 
dando sus buques : Brión quedó vencedor en toda la 
línea". 

"Y a no haber sido por su inquebrantable decisión 
de seguir otros rumbos, cuando los ingleses bloquearon 
a Curazao, no hubiera podido prestarle a su tierra natal, 
los grandes, los inmensos servicios que le prestara". 

En efecto, "proveyó a los suyos de víveres y de 
cuanto necesitaran con el enemigo a la vista ; y si esta 
fuera su actitud en tierra, en el mar hacía prodigios, 
entrando al puerto en su propio buque, rasgado su ve- 
lamen por las balas enemigas, pero con provisiones para 
sus compañeros los bloqueados". 

"Y cuando ya era imposible forzar ningún punto 
en la costa sur de la Isla, con sumo peligro arribó a 
"San Yoris", al norte, haciéndose otra vez digno de 
su causa, a despecho de los sitiadores, que no podían 
menos que admirar la intrépida conducta de aquel ma- 
rino celebérrimo". 

Más todavía: cuando los ingleses ocuparon la isla 
de Aruba, el Gobernador de Curazao designó a Brión 
para recuperarla, y tras una lucha desesperada y san- 
grienta flotó de nuevo el pabellón holandés en aquella 
Isla, cubriéndose de la más legítima gloria el glorioso 
marino expedicionario. 

-7 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Pacificada aquella Isla, Brión continuó dedicado al 
comercio y a la marina aumentando sus haberes en líci- 
tos negocios, los que fueron ensanchados considerable- 
mente con la herencia de sus padres. 

Para aquellos días estaban en gestación las ideas 
republicanas en muchos de los pueblos de la América 
meridional y sobre todo en Venezuela. 

Tan pronto, pues, como sonara la hora de las rei- 
vindicaciones, Brión fué de los primeros en lanzarse a 
la lucha con todo cuanto poseía. 

Desde entonces está unido su nombre al de los Li- 
bertadores de la Gran Colombia ; y nosotros siempre abri- 
gamos la esperanza de dedicarle algunas líneas a su cara 
memoria. 

Así se explica, pues, la publicación de este opúsculo, 
que no es obra de inteligencia sino de paciencia, como 
tendrá ocasión de observarlo el lector. 

m Hemos prescindido del estilo literario, porque los 
documentos son la expresión misma de los hechos cum- 
plidos, no compadeciéndose la retórica con trabajos de 
esta índole. 

i 

Apenas presentamos lo que hemos podido hacer con 
mil dificultades, pero con la mejor buena voluntad. 

Además, la sinceridad con que hemos escrito estas 
líneas, acaso sea comprendida por los bien intencionados 
y esto nos basta y nos sobra para creer que no hemos 
perdido nuestro tiempo. 

Y como cuando estábamos haciendo este trabajo 
supiéramos por la prensa que el honorable señor W. M. 
Hoyer, daba unas conferencias en Curazao acerca del 
Libertador y el Almirante Brión, le suplicamos por 

8— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

medio de una carta se dignara facilitarnos los datos que 
de éste tuviera para ilustrar con ellos estas páginas.. 

Fué tan bondadoso dicho señor, que procedió en 
seguida a satisfacer nuestros deseos, lo que mucho le 
agradecemos, pero desgraciadamente, como se verá por 
su apreciable misiva, casi nada ^nos dice respecto del 
matrimonio del Almirante "Brión, que era precisamente 
el punto desconocido por nosotros, pues de lo demás ya 
estábamos en cuenta: si copiamos su carta es tan solo 
por estar de acuerdo con todos los escritores que de 
Brión se ocuparan. 

Sinembargo, nos dice "que en su testamento había 
un legado para sus cuatro hijos" quienes se casaron, y 
a su vez tuvieron descendencia, como que aun existen en 
Venezuela y en los Estados Unidos nietos del Almirante 
de la Gran Colombia". 

Gomo lo insinúa el señor Hoyer, en los archivos de 
Holanda existen aquellos documentos, cuyas copias 
por lo menos debieran reposar en la Academia de la His- 
toria. 

Posteriormente hemos sabido que el, Almirante 
Brión tuvo en su matrimonio los dicho cuatro hijos, 
quienes se llamaron Pedro, Plantina, Luisa y Lorieta, 
casada Plantina con el Cónsul norteamericano señor J. 
T. Golding, según partida de matrimonio que existe en 
la Iglesia Parroquial de San Juan de Dios, de La Guai- 
ra, cuya copia textual es la siguiente : 

"Dr. Tomás Rivera Presbítero, Cura y Vicario de 
la Iglesia Parroquial de San Pedro de La Guaira, Ar- 
quidiócesis de Caracas. 

—9 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Certifico : Que en uno de los libros de matrimonios 
del archivo de esta Iglesia, hay una partida que copiada 
literalmente dice así: "En tres de noviembre de mil 
ochocientos cincuenta y cinco, Yo el Cura y Vicario de 
esta Villa de La Guaira en virtud de la dispensa del im- 
pedimento de mixta religión que a nombre de la Santa 
Sede concedió el Illmo. señor Arzobispo de Caracas, 
Dr. Silvestre Guevara, según consta del decreto de dos 
de los corrientes que recayó al escrito presentado por el 
señor Cónsul norteamericano J. T. Golding, asistí y pre- 
sencié el matrimonio que por palabras de presente con- 
trajo en su propia casa el referido señor Cónsul J. T. 
Golding, protestante, natural de New Jersey, y vecino 
de esta Villa de La Guaira, hijo legítimo de los señores 
José Golding y Sarah Golding, con la señorita Plantina 
Brión, de religión Católica, Apostólica Romana, natural 
de Curazao y vecina de esta Villa, hija legítima de Luis 
Felipe Brión y de Ana Merced Saxtol. Precedió a este 
matrimonio la exploración de voluntades de la que no re- 
sultó impedimento alguno. 

La novia recibió el Santo Sacramento de la Peniten- 
cia. 

Fueron testigos Roberto Outlaw y Merced Teresa 
Mirabal de Outlaw, de que certifico. — José Esteban 
Pérez". 

Concuerda con su original a que me refiero, y para 
que conste libro la presente, que sello y firmo en dicha 
ciudad de La Guaira a treinta de abril de mil novecientos 
nueve. — Tomás Rivera. — Pbro" . 

Léase ahora la carta del señor Hoyer a que alu- 
dimos : 

10— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Curazao: junio 24 de 1921. 
Señor J. M. Seijas García. 

Caracas. 

En cumplimiento a lo expresado en su atenta del 17 
en curso, va adjunta una notica que espero le sea de 
utilidad. 

Queda muy a sus órdenes su atto. y S. Servidor, 

W. M. Hoyer. 
(Concordia plein 21 -Curazao). 

"Luis Brión (así lo llaman casi todos los historia- 
dores) nació en Curazao el 6 de julio de 1782. Sus pa- 
dres eran Pedro Brión y María de Trox. Tenía un 
hermano Teodoro y tres hermanas, Carlota, Elena, 
Ágata y María Josefa. Se sabe que todos sus herma- 
nos eran casados, pero el matrimonio del Almirante no 
se sabe nada. Sinembargo, en su testamento había le- 
gado para sus hermanos y para sus cuatro hijos ; lásti- 
ma es que todos estos documentos fueran llevados 
para Holanda hace unos años. 

Brión recibió su educación en Amsterdam (Holan- 
da). Sirvió, y se distinguió bizarramente, como volun- 
tario en 1799 en un combate contra los ingleses y rusos 
en la Holanda Septentrional. 

Regresó a Curazao por haber recibido la noticia 
del fallecimiento de su padre, que dejó una fortuna. Su 
hermana Carlota casó con el americano Joseph Foulke 
y esa relación de familia, hizo que Brión fuera conocido 
en los Estados Unidos, en donde siguió sus estudios de 

—11 



EL ALMIRANTE B R I O N 

náutica, viajando después por diferentes partes de Amé- 
rica. 

En 1803 regresó a su país natal y fué nombrado 
Comandante de la Milicia. Como tal, él y 160 milicia- 
nos obligaron a los ingleses, bajo el mando del Comodoro 
Murray, en 1805, a retirarse del Cabrietenberg, cerro 
situado cerca de la Bahía de Caracas, en la parte orien- 
tal de la Isla de Curazao. 

Brión quedó establecido en esta Isla, como comer- 
ciante y armador, hasta que llegó a sus oídos (en 1813) 
el eco de libertad que atronaba los campos de Venezuela 
y el nombre de Bolívar que la trompeta de la fama pre- 
gonaba como el Redentor de los pueblos americanos. 

Brión regresó a Curazao después de la batalla de 
Carabobo, al principio del mes de setiembre del año de 
1821. Murió el 27 de setiembre del mismo año a las 
nueve de la noche y fué enterrado en su campo Rozen- 
tak, situado en el noroeste de la ensenada "Schottegat", 
en Curazao. 

Los restos de Brión fueron sacados por iniciativa 
del General Guzmán Blanco, Presidente de Venezuela y 
con el consentimiento de sus allegados y en presencia 
de muchos testigos, el 18 de setiembre de 1881. 

Sus restos reposaron durante diez días en una casa 
situada en la Calle Ancha de O trabando,, en Curazao. 

De allí fueron llevados con gran pompa a bordo del 
vapor que los condujo a La Guaira y el 10 de abril de 
1882 fueron depositados en el Panteón Nacional de 
Caracas. En la ocasión de la conducción de los restos 
del Almirante, Venezuela fué representada por una 
comisión compuesta de los señores W. E. Boyé, Agente 

12— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Comercial de Venezuela en Curazao, y Tomás y Gui- 
llermo Golding, parientes del Almirante. 

En esta ocasión llevaron la palabra los señores Rev. 
Hamelberg y Guillermo Golding. 

La milicia estaba representada en cuerpo y que- 
riendo tributar los últimos honores a su antiguo Co- 
mandante, dispuso que cuatro sub-oficiales (de ese 
cuerpo) llevasen en sus hombros tan preciosa carga has- 
ta el lugar de su partida. 

La caja mortuoria estaba cubierta con la bandera 
de Venezuela y sus cuatro extremidades sostenidas por 
el Coronel Prince y por los Comandantes de la Milicia, 
de la Guarnición y de la Fuerza Naval. 

A la salida del vapor, el Castillo Waterfort hizo una 
salva de 19 cañonazos, como despedida al intrépido Cu- 
rasoleño que tantos servicios prestó a su país natal y a 
su segunda patria, Venezuela 3 '. 

Así, pues, para 1807 ya poseía el Almirante Brión 
un capital que mucho pesaba en el comercio de las An- 
tillas y de Europa, con los cuales hacía negocios de la 
mayor cuantía, gozando además de un crédito ilimi- 
tado, no sólo por el dinero, de que disponía, sino por sus 
correctos procederes y por su aquilatada honradez. 

Los sucesos de Caracas de 1810^ y 1811 enarde- 
cieron su espíritu y, prescindiendo de toda operación 
mercantil, se entregó desde luego a secundar con todo el 
entusiasmo de su alma aquella revolución que bien se 
compadecía con sus ideas de libertad, igualdad y frater- 
nidad, que sintetizaba las aspiraciones de la democracia 
americana. 

—13 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Y en 1813, como Venezuela no necesitara por aquel 
entonces de sus servicios navales ni de mayor parque, se 
dirigió a Nueva Granada, llevándole a los insurgentes, 
por su cuenta, más de lo que pudieran necesitar para que 
siguieran luchando con éxito: desde entonces comenzó 
a admirar al Libertador. 

Hallándose en La Guaira en enero de 1814, entre 
otras cosas le escribía a su familia : "me he hecho ciu- 
dadano de Venezuela, adoptando como mi patria este 
país, por cuya causa quiero vivir y morir". Nada más 
hermoso que este hermoso rasgo de fe política, de este 
voto espantáneo de vivir y morir, por defender, con el 
mayor desprendimiento y con la mayor decisión, una 
causa, como hemos dicho, que nada le ofrecía y de la cual 
de antemano nada esperaba. 

De La Guaira se dirigió a Saint Thomas en soli- 
citud de elementos de guerra y, no logrando su objeto, 
por cuanto que las autoridades de aquel lugar lo hicieran 
salir de él, dirigióse a Inglaterra a fines de dicho año en 
pos de sus mismos generosos deseos. Para esta fecha 
no era nada estable la causa patriota, por la insubordi- 
nación del Coronel Manuel Castillo, en Cartagena y por 
el desastre de La Puerta, y asimismo, el año siguiente 
se presentaba nada halagüeño con el arribo del General 
Don Pablo Morillo, con un formidable ejército constan- 
te de 15.000 soldados. 

En julio de 1815 regresó de Europa Brión con una 
corbeta, unos miles de fusiles, pertrechos para los mis- 
mos y tres imprentas, que todo lo dicho, y mucho más 
necesitaban los patriotas de Cartagena, no siendo éstos 
socorridos por Brión, por haber llegado cuando la anar- 
quía fuera refractaria al esfuerzo más noble de aquél; 

14— 



J. M. S E I J A S G A R C I A 

sinembargo, en su corbeta refugió más de cuatrocientos 
emigrados que condujo hasta el puerto de Los Cayos. 

Para entonces el Libertador, por no fusilar al Co- 
ronel Castillo, se dirigió a Jamaica, despidiéndose por 
medio de una proclama de sus soldados y del pueblo neo- 
granadino. 

Cuando supo Brión la actitud de aquél, a quien tanto 
admiraba y quería, porque advirtiera en el Libertador 
al genio mismo que más tarde abismara al mundo con 
sus hechos, no pensó en otra cosa que en ponerse a sus 
órdenes sin reservas, para llevar a cabo una nueva ex- 
pedición sobre Cartagena, que era lo que interesaba a la 
causa patriota por aquellos días. 

El Libertador, por su parte, ejercía una poderosa 
influencia en el ánimo de Brión, y así como admiraba 
en éste su prodigalidad sin límites, apreciaba no menos 
sus conocimientos científicos, su valor, su constancia 
y su lealtad. Se habían encontrado dos hombres va- 
ciados en un mismo molde, que se entendían, se comple- 
mentaban y eran capaces de los mayores sacrificios por 
el triunfo de sus más caros ideales. 

Antes de seguir adelante, juzgamos pertinente 
copiar aquí lo que dicen Baralt y Díaz, acerca de la 
consustanciación de aquellos dos bienhechores de la hu- 
manidad: ". . .Luis Brión, rico mercader y armador 
de Curazao en quien la afabilidad, el genio singular y 
el atractivo mágico de Bolívar produjeron tal efecto 
que, consagrado a su servicio y al de la República, em- 
pleó por uno y otra sus haberes y su persona". 

Pues bien, Brión le dirigió una carta al Libertador, 
desde Curazao, en aquellos momentos, los más tristes 
para la causa republicana, suplicándole le diera los más 

—15 



EL ALMIRANTE B R I O N 

exactos informes de lo que ocurría en tierra colombia- 
na, porque pensaba en él para una nueva expedición. 

Cuando llegó dicha carta a manos del Libertador, 
éste se hallaba en la miseria, combatido por unos y por 
otros, pero siempre dispuesto a servir a su causa ; le con- 
testó así : 

9 

Kingston, julio 16 de 1815. 
Señor Don Luis Brión. 

Curazao. 
Mi querido digno amigo : 

No sé lo que debo admirar más en usted, si su ge- 
nerosidad, su patriotismo o su bondad. 

Es preciso que usted sea de un carácter extraor- 
dinario para que se sacrifique, sin reserva, por los intere- 
ses de una causa que sus propias criaturas despedazan, 
(se refiere a las disenciones del Coronel Castillo y su 
círculo en Cartagena). 

Es preciso, amigo Brión, que a usted se le tñbute 
el honor de ser el protector de la América y el más liberal 
de los hombres. 

He recibido la carta de usted con placer y ternura : 
por ella me informo de los servicios últimos que usted 
acaba de hacer a la América, servicios que solo basta- 
rían para darle la libertad, pero que quizás pueden ser 
infructuosos si no sabemos conducirnos en la presente 
crisis. 

Yo, amigo, me propongo hablar a usted con la fran- 
queza que usted me exige y que yo debo a un protector 
de nuestro país. 

16— 



1. M. S E I J A S GARCÍA 

Usted desea saber el estado de las cosas en la Costa 
Firme. Le hablaré sólo de lo que sé, de lo que pienso 
y preveo. 

Yo no aconsejaré a usted que haga tal o cual cosa; 
pero si usted puede (sin comprometerse hasta lo extre- 
mo) hacer nuevos sacrificios, la vía que yo conceptúo 
más a propósito es la del Atrato, porque Cartagena no 
tiene ahora comunicación con el interior, no tiene dinero 
y le sobran armas y pertrechos. 

Yo pienso que para cuando usted reciba esta carta, 
ya habrá tomado su determinación final ; sinembargo, yo 
indico a usted lo que usted desea saber ; y como ansio 
porque la Nueva Granada reciba socorros, y que estos 
socorros no se pierdan, me ha parecido conveniente 
dirigir cerca de usted a una persona de toda mi con- 
fianza, que combinará con usted todo lo que pueda ser 
útil a sus intereses y a la causa común. 

Mi Mayor General, Coronel Carabaño, es el comi- 
sionado que debe poner en manos de usted esta carta 
y llevará aparte una credencial para todo lo relativo a su 
comisión: él es muy capaz, no sólo de combinar, sino 
de ejecutar una grande empresa : tiene talento e instruc- 
ción militar, su valor es superior a toda exageración; 
en una palabra, él es capaz de libertar a la Nueva Gra- 
nada. 

Suplico a usted le oiga, le atienda y si fuere nece- 
sario le sirva con dinero para lo que pueda necesitar en 
su viaje. 

Este último sacrificio yo lo pagaré cuando pueda; 
y si no lo pagare, usted es tan generoso que no lo sen- 
tirá mucho. 

—17 



EL ALMIRANTE B R I O N 

En cuanto a mí, yo me hallo dispuesto a hacer todo 
por mi país: por la misma razón estoy procurando ob- 
tener socorros de este Gobierno, que me serán presta- 
dos, si no hoy, será mañana u otro día. 

Mientras tanto, estoy viviendo en la incertidumbre 
y en la miseria. Yo mismo no voy a esa Isla, porque 
no quiero perder la confianza que hacen de mí estos 
señores; pues, como usted sabe, las manías aristocráti- 
cas son terribles : Carabaño informará a usted de todo. 

Adiós, mi querido amigo; yo aprecio a usted como 
el mejor amigo de la América y soy su más atento obe- 
diente servidor, q. b. s. m., 

SIMÓN BOLÍVAR". 

Después que Brión recibió esta importante carta 
de su hermano espiritul y conferenció con el General 
Francisco Carabaño, dispuso en seguida trasladarse a 
Kinsgton con el fin de persuadir al Libertador de que 
la nueva expedición tendría buen suceso, "porque iba 
él a su frente que valía, más que cien ejércitos y porque 
toda contrariedad al triunfo de la santa causa de esta 
América debía hacerla frustránea el patriotismo per- 
severante". 

Ante la actitud de aquel revolucionario convencido, 
que no aspiraba a la gloria siquiera, tuvo que inclinarse 
el más grande de los hijos del nuevo mundo. 

Según Azpurúa, "para la nueva expedición sobre 
Cartagena, el Almirante Brión puso a disposición del 
Libertador todos sus haberes y el resto de su vida, para 
restablecer la República y ofreció darle, y le dio en efec- 
to, 3.500 fusiles, 132.000 piedras de chispa, sus buques 

18— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

habilitados y otros artículos, todo lo cual valia como cien 
mil pesos. El virtuoso Brión hacía el sacrificio menos 
común de los que suelen hacer los hombres, pues que 
más fácilmente exponen la vida -que las riquezas, y las 
suyas eran considerables". 

Desgraciadamente, la expedición no llegó a arri- 
bar a Cartagena, por haber tomado Morillo dicha 
plaza, lo que determinó al Libertador a dirigirse a 
Haití, donde contaba de antemano con la generosa hos- 
pitalidad que le ofrecería el General Alejandro Petion, 
Presidente de dicha República. 

En efecto, fué muy bien recibido por aquel altruista 
magistrado, amigo fervoroso de Venezuela, así como 
lo fueron todos sus compañeros de infortunio. 

No queremos ocuparnos de las dificultades que tu- 
vieron que vencer en dicha isla Bolívar y Brión para 
organizar la nueva expedición sobre Venezuela, con- 
tentándonos con decir que el uno y el otro se entendieron 
en los mejores términos con Petión, para llevarla a cabo. 

Una junta de patriotas nombró al Libertador Jefe 
de aquélla, y a Brión Almirante de la Escuadra ; y así 
terminaron las intrigas de varios Jefes que estaban muy 
distantes de comprender lo que en aquel momento his- 
tórico valían para la causa patriota los gloriosísimos 
nombres de Bolívar y Brión, que juntos viven en la his- 
toria y juntos están en la inmortalidad, donde los siglos 
le rendirán el más fervoroso culto. Mas, como no es 
conforme la opinión de los historiadores respecto de 
aquella expedición, porque creen unos que sólo fuera 
Petión quien la protegiera, y porque difieren otros en 
detalles de mayor o menor importancia, vamos a copiar 
a continuación los documentos que nos parecen más 

—19 



EL ALMIRANTE B R I O N 

autorizados, sin hacer comentarios acerca de ellos, por- 
que esto no entra en la índole de nuestro trabajo. 

Comenzaremos por lo que dejó escrito el digno 
Presidente de Haití : 

"Puerto Príncipe, 26 de enero de 1816. — Año 13 de la 
Independencia. 

Alejandro Petión, Presidente de Haití, 

al General Marión, 

Comandante del Distrito de Los Cayos. 

Razones que no deben confiarse al papel, mi que- 
rido General, pero que tienden en gran manera a con- 
solidar la República, me obligan a invitar a usted por la 
presente, a poner a la disposición del General Bolívar 
dos mil fusiles y sus bayonetas, de los depositados en el 
Arsenal de Los Cayos por Mr. Brión; pondrá usted 
también a su disposición el mayor número de cartuchos 
y piedras de fusil que pueda, no reservando particular- 
mente de los cartuchos, sino una pequeña cantidad. 

Haga usted salir estos objetos como envío hecho 
a la gran Ensenada, cargándolos a bordo de una em- 
barcación, cuyo Capitán, que usted colocará a bordo, 
y el equipaje sean dignos de su confianza, 

Y esta embarcación, uña vez fuera y de modo de no 
ser apercibida, alcanzará la que el General Bolívar des- 
tine para recibir estos objetos y los pasará a su bordo. 

Es necesario que esto no se trasluzca y confío en 
las precauciones que usted tomará con tal respecto. 
Saludo a usted amistosamente. 

Petión". 



20— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Veamos ahora lo que dice en su obra el Senador 
haitiano Marión, Mayor: 

"Antes de marchar la expedición, Bolívar nombró 
a Luis Brión, Jefe de la Escuadra y esto era justo, por- 
que Brión había poderosamente contribuido con sus 
propios medios a la habilitación de los buques, lo que 
ningún otro estaba en estado de hacer como él . . . 

Los buques de la expedición principiaron a salir del 
puerto de Los Cayos el día 10 de abril de 1816. La Popa 
fué el último buque de guerra que salió de aquel puerto : 
su punto de reunión era la isla de La Batea". 

Como se ve por la comunicación de Petión, no fué 
poco el parque que aportara Brión, de su peculio ; y como 
se desprende de la declaración del Senador Marión, fué 
el mismo Brión quien poderosamente contribuyó con sus 
propios medios a la habilitación de los buques, lo que 
ningún otro estaba en estado de hacer como él. 

Baralt y Díaz, aludiendo a la misma expedición, se 
expresan así : 

"Mandaba la Escuadra con el pomposo título de 
Almirante, Luis Brión, rico comerciante y armador de 
Curazao. Dicha expedición constaba de siete goletas 
mercantes armadas en guerra, doscientos cincuenta 
hombres de desembarco, la mayor parte oficiales, un 
parque sin piezas y muchos fusiles . . . 

"El 30 de marzo se dio Bolívar a la vela en el puer- 
to de Aquin, el primero de mayo recaló a Los Testigos 
y el 2 apresó el bergantín y la goleta de guerra Intrépido 
y Rita, que bloqueaban a Margarita por el rumbo de Oc- 
cidente, y el 3 surgió felizmente en Juan Griego (2). 

—21 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Según Austria, esta expedición se compuso de la 
goleta Marino, mandada por el Comandante Vicente 
Dubonil ; de las goletas Piar, Constitución, Brión, Félix 
y Conejo, gobernadas, respectivamente, por los Tenien- 
tes de Navio Juan Pinell, Juan Morue, Antonio Rosa- 
les, Nicomedes Nominé y Bernardo Ferrero. 

"Dicha escuadrilla estaba bajo las inmediatas ór- 
denes del Comodoro Luis Brión y condujo los siguientes 
elementos de guerra : cuatro mil fusiles, quince mil li- 
bras de pólvora, diez mil piedras de chispa, artículos 
de boca, tela para ropa de tropa y dinero en efectivo. 
Entre los doscientos cincuenta expedicionarios, los más 
caracterizados, después del Libertador, eran: Marino, 
Mayor General; Zea, Intendente General; Ducoudray 
Holstein, Sub-Jef e de Estado Mayor y los Generales 
Piar, Mac Gregor, Soublette, Salom, Anzoátegui, Bri- 
ceño Méndez y otros militares de menor jerarquía en la 
milicia". 

La única discrepancia que notamos entre lo que 
dicen Marión y Baralt y Díaz escribieron, es que el pri- 
mero, que fué testigo ocular, fija para el 10 de abril la 
salida de los primeros buques de la expedición, en tanto 
que los segundos, le señalan a ésta el día 30 de marzo, 
lo que indudablemente es un error. 

Por lo demás, todos están de acuerdo en la parte 
muy activa que tomara Brión en aquellos trascendenta- 
les acontecimientos y para mejor hacerlo constar así, 
copiamos en seguida los brillantes párrafos de la Pro- 
clama del Libertador, fechada en su Cuartel General 
de la Villa del Norte (Isla de Margarita), de fecha 8 de 
mayo de 1816: 

22— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

. . . "Nuestras reliquias dispersas por la caída de 
Cartagena, se reunieron en Haití. 

Con ellas y con los auxilios de nuestro magnánimo 
Almirante Luis Brión, formamos una expedición que 
por sus elementos parece destinada a terminar por siem- 
pre el dominio de los tiranos en nuestro patrio suelo". 

Si bien es verdad que hasta Carúpano fué propicia 
la suerte a las armas patriotas, no así en lo adelante, 
oues con la derrota de Los Aguacates (Ocumare de la 
Costa) el 13 de mayo, se vio otra vez perdida la causa 
de la justicia. 

No es del caso decir lo que sufriera el Libertador 
luego, con motivo de aquella desgraciada función de 
amas, que lo condujera otra vez a Haití. 

Mas, sí diremos que el Almirante Brión no particí- 
pala en aquellos momentos de las ideas, o mejor dicho, 
del plan de campaña que había trazado el Jefe Supremo 
de li Revolución. 

Y para corroborar lo que decimos, copiamos a con- 
tinuación la extensa carta, que acerca de la derrota de 
Ocunare, le dirigiera al General Juan Bautista Aris- 
mend, fechada en Bonaire el 23 de julio de 1816, refe- 
rente a aquellos lamentables sucesos, que luego comen- 
taremos : 

'Tuve el honor de recibir en Ocumare el oficio de 
V. E. que me entregó el Capitán Lommine, no lo he con- 
testad) hasta ahora por no tener proporción. 

Eubiera seguramente lisonjeado mi amor propio 
y gratficado la amistad que profeso a V. E., el haberme 
quedaco en los mares de Oriente para combatir y tal 

—23 



EL ALMIRANTE B R I O N 



vez destruir los buques españoles, que dice V. E. rodean 
a esa Isla. Pero el Jefe Supremo de la República dis- 
puso que se embarcasen las tropas para hacer una gran 
diversión favorable a V. E. y a los demás Generales 
que se hallan en el Oriente, dando un golpe terrible a 
las puertas de Caracas. 

No ocultaré a V. E. que siempre creí que la empresa 
era sumamente arriesgada; que hice varias reflexiones 
al Jefe Supremo, pero como lo vi tan seguro del suceso,/ 
consentí a prestarle todos los auxilios que estaban a m] 
alcance, temeroso de hacer un daño a la República, resií 
tiéndome a las miras del Generalísimo. 

Llegamos a Ocumare, nos apoderamos del puerf 
y pueblo sin la menor resistencia. Los vecinos nDs 
recibieron con amistad y todas las apariencias nos er^.n 
favorables. 

Marchó inmediatamente el Coronel Soublette con 
una partida de 600 hombres ; sus órdenes eran de/po- 
sesionarse de La Cabrera y enviar partidas hasta (Las 
Cocuizas. 

Así que supimos la llegada de Soublette a La 1 Ca- 
brera, la de Piñango a Choroní y de otro oficial a Tu- 
riamo, me hice a la vela con la escuadrilla para blofluear 
La Guaira, persuadido de que los españoles huirían 
con sus intereses y así nuestras fuerzas se acercarían a 
Caracas. 

En frente de Choroní encontré una corbeta y dos 
bergantines de guerra españoles que huyeron a miestra 
vista y debieron su salvamento a una noche muy iscura. 

A mi llegada a Ocumare la escasez de víveips me 
hizo despachar un buque a Curazao para que nd lleva- 
se a este puerto lo que nos hacía falta, lo que m deter- 






24- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

minó a dejar el bloqueo de La Guaira por unos días y 
venir a aprovisionarme. 

En la mañana del 16 llegué a este puerto, y no pue- 
do ponderar mi sorpresa y pesar cuando vi el bergantín 
Indio Libre y algunos buques mercantes que había deja- 
do en Ocumare. 

Pronto supe que el General Bolívar, algunos ofi- 
ciales y una porción de mujeres habían evacuado dicho 
puerto el 13 por la noche. 

Voy a relatar a V. E. lo que me ha dicho el Jefe 
Supremo sobre aquel desgraciado acontecimiento. 

Soublette penetró hasta el pueblo de Maracay des- 
truyendo una partida de 80 Húsares de Fernando VII, 
que quisieron oponérsele. Allí permaneció un día, pero 
habiendo hallado una carta que decía que Morales ha- 
bía llegado a San Carlos con 7.000 hombres (cuando 
en realidad no tenía más de 160 hombres), Soublette 
se acobardó, evacuó a Maracay y La Cabrera y tomó 
posesión al pie de la cuesta. La mañana siguiente los 
españoles le atacaron y replegó sobre las alturas. Bo- 
lívar le envió un refuerzo que no llegó a tiempo para 
el segundo ataque que le dio el enemigo. Bolívar al 
saberlo, marchó en persona el 12 por la tarde con su 
Guardia de Honor, y el 13 al amanecer hubo un combate 
terrible que duró tres horas ; 200 hombres de la Guar- 
dia de Honor no pudieron participar del ataque. 

Los españoles se batieron divinamente ; nuestras 
tropas fueron desalojadas de las alturas ; tuvimos de 60 
a 70 heridos y según dice el General, una pérdida de 
200 a 250 hombres ; aunque algunos oficiales quisieron 
suponer que fué mayor el destrozo. 

—25 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Nuestras tropas replegaron sobre Ocumare y aque- 
lla misma noche evacuaron sobre Choroní, en donde pa- 
rece que Piñango tenía dé 500 a 600 hombres ; y el Ge- 
neral, algunos oficiales y una multitud de mujeres se 
embarcaron en el bergantín y dos buques mercantes 
y se vinieron aquí para consultar, dice el Jefe Supremo 
sus futuras operaciones conmigo 

El 17 hice salir de este Puerto la goleta El Marino 
para llevar a Choroní al Jefe Supremo, algunos oficiales, 
40.000 cartuchos y alguna pólvora de la que salvó Villa- 
ret, a quien había dejado de Comandante de Marina 
en Ocumare. 

Lo que hay que lamentar es que sobre 800 ó 1.000 
fusiles, algunos cartuchos, alguna pólvora, la imprenta 
y seis piezas d[e artillería se quedaron, y probablemente 
están en poder de los enemigos, que según la relación 
de todos los que los han visto, podían ascender a 250 
españoles y 300 criollos. 

De Ocumare evacuaron a Choroní con 750 hombres 
de fusil. Villaret me asegura que había enviado 760 
fusiles y 28.000 cartuchos a Piñango. Reunidos aque- 
líos dos cuerpos pueden* haber en Choroní a lo menos 
1.200 hombres bien armados. Si se sostienen aún, no 
debemos desesperar de la toma de Caracas ; si se dividen 
en guerrillas darán demasiado que hacer a los españoles, 
para temer que puedan enviar fuerzas, ni contra V. E. 
ni contra los beneméritos patriotas que obran en el 
Oriente. 

De un instante a otro estoy aguardando de vuelta 
al Marino, que me sacará de la duda cruel en que me 
hallo. 



26— 



/. Mí S E I J A s garcía 

Todos los buques están sin víveres ; los que espe- 
raba de Curazao no han venido, porque unos prófugos 
de Ocumare han ido a aquella isla y se han portado tan 
mal, que el Gobierno ha cerrado aquel puerto y mandado 
salgan en veinte y cuatro horas los emigrados que hay 
en ella. 

No puedo menos, Excmo. señor, que recomenda- 
ros a todos la unión, o de lo contrario vais a perder los 
pocos amigos que os quedan, y os hallareis prófugos 
sin tener quien os dé la hospitalidad. Es preciso 
vencer o todos morir, si no os queréis cubrir de infamia. 

Escriba V. E. a los Generales que obran en el in- 
terior de Oriente, y no les oculte V. E. estas amargas 
verdades. Con ja unión debéis alcanzar la victoria, 
pero si sois desgraciados debéis escoger la muerte antes 
que abandonar vuestro patrio suelo, pues en ninguna 
parte seréis* recibidos : es preciso que reconquistéis la 
opinión pública para ser considerados. 

Yo tengo que irme para Norte- América, pues mis 
buques ya^ no pueden ser útiles, ni sostener el mar por 
falta de arboladura y velamen. Espero conseguir algún 
empréstito, sea del Congreso Mejicano o del de los Es- 
tados Unidos, y también espero que en dos o tres meses 
fondearé en esta isla con una fuerte escuadra. De con- 
cierto con V. E. y los demás Jefes, acabaremos de ahu- 
yentar a los feroces españoles. 

Si la fortuna mientras tanto os fuere favorable, 
espero que os acordareis de que he gastado hasta mi 
último real en defensa de vuestros derechos ; que la 
República de Venezuela me debe en el día más de 160.000 
pesos ; que tengo algunas deudas que pagar, y que si no 
lo hago, mi honor queda comprometido. Cualquier f ru- 

—27 



EL ALMIRANTE B R I O N 

to o ganado que V. E. o los demás Jefes puedan separar 
para cubrir en parte un débito tan sagrado como es el 
mío, pueden remitirlo de mi cuenta a los señores Good- 
man, Preets & Ca., de San Thomas, o a mi cuñado Mr. 
Joseph Foulke, de Curazao, avisándoles siempre de an- 
temano para que hagan asegurar la propiedad. 

Suplico a V. E. me comunique su situación y la de 
la Costa Firme por todos los conductos, dirigiendo sus 
cartas casa de los señores Thomas y Peter Stagg & Ca., 
en Nueva York, y en Jamaica casa de Maxwell Hislop 
& Ca., instruyendo siempre a Martín Tovar en Tórtola 
a fin de que a mi regreso con la escuadra pueda consul- 
tarme con él. 

Si acaso hubiere llegado a esa isla la goleta Espe- 
ranza, su sobrecargo Hudson, que fué enviada por mí 
a San Thomas, para traer 5 ó 6.000 libras de pólvora 
y otros pertrechos, V. E. los recibirá por cuenta del Es- 
tado y dará recibo a Hudson para su resguardo. 

No puedo menos que encargar a V. E. haga cons- 
truir todas las flecheras que pueda a fin de que a mi 
vuelta operemos sobre la Guayana. Pues aseguro a 
V. E. que sólo el estado en que se hallan los buques, el 
disgusto de las tripulaciones que hace seis meses que 
están trabajando sin recibir un real, podía obligarme a 
dejar estas costas sin ver a Venezuela absolutamente 
libre. Esta separación me es sumamente dolorosa. 

Espero todo del valor, carácter y patriotismo de 
V. E. y ruego a Dips le guarde muchos años. 

L. Brión". 

La carta copiada no fué recibida por el General 
Arismendi, como que la interceptaron los realistas y tan 

28- 



J. M. S E I J A S GARCÍA 

importante la creyeron, que la remitieron a la Penínsu- 
la, no como la escribiera el Almirante Brión sino con 
cuantas modificaciones juzgaron convenientes, hasta el 
extremo de haber párrafos incomprensibles. 

Sinembargo, en ella dejaron cuatro puntos de la 
mayor importancia sin tocar, que sí atribuimos al intré- 
pido y patriota Almirante Brión. 

Primero, que combatió el desembarco de Ocumare, 
porque pensaba que el triunfo no debía buscarse del cen- 
tro a la circunferencia, sino de ésta a aquél. 

Segundo, que después de aquella derrota de Los 
Aguacates, por el realista Brigadier Francisco Tomás 
Morales, dijera, "no puedo menos, Excelentísimo señor, 
que recomendaros a todos la unión o de lo contrario, 
vais a perder los pocos amigos que os quedan, y os ha- 
llareis prófugos sin tener quien os dé hospitalidad. Es 
preciso vencer o todos morir, si no os queréis cubrir de 
infamia". 

Tercero, que pensaba irse a Méjico o a Estados 
Unidos, en solicitud de una fuerte escuadra para seguir 
la lucha hasta triunfar, y 

Cuarto, que le encarecía al General Arismendi que 
hiciera construir el mayor número de flecheras para a 
su regreso abrir operaciones sobre Guayana. 

Esos solos cuatro puntos destacan al Almirante 
Brión como un vidente excepcional, como la personifi- 
cación misma del genio militar. 

Y ya sabemos que el triunfo de Morales en Ocu- 
mare fué debido a la traición o cobardía del Ayudante 
del Libertador Isidoro Alzuru y que si esto no hubiera 
ocurrido, con la ocupación de Caracas las armas pa- 

—29 



EL ALMIRANTE B R I O N 

triotas apenas hubieran obtenido una victoria moral y 
nada más. 

Con la expedición de Jacmel de 21 de diciembre 
del mismo año 16, pasó lo mismo: el Libertador insistía 
en avanzar hacia Caracas, que ningunos recursos podía 
ofrecerle, siendo vencido en Uñare el 9 de enero del año 
siguiente, por fuerzas del Brigadier Rafael López, y 
no de Morales, como dicen Baralt y Díaz ; es decir, el 
mismo afortunado Jefe realista del Rincón de los Toros. 

Y otra vez tuvo razón el Almirante Brión, con esta 
segunda tentativa del Libertador ; y la tuvo más aún, 
cuando éste se dirigiera a Guayana, que era precisamen- 
te, según aquél, la tierra salvadora de la Patria. 

Respecto de la fe que tenía en la causa que defen- 
diera por amor a la libertad, demás está decir que cum- 
plió con exceso de liberalidad todo lo que ofreciera para 
seguir aquella campaña naval sin antecedentes conoci- 
dos, ni aun entre los helenos mismos. 

De suerte, pues, que en aquellos días heroicos, tuvo 
la Gran Colombia, en el Almirante Brión, nada menos 
que a su segundo glorioso Libertador y es esta la verdad 
histórica, por lo que Holanda debe ufanarse, también, 
ya que su esclarecido hijo constituye para ella la gloria 
de un nombre y de un siclo, acaso el más culminante de 
su nacionalidad, que los tiempos mirarán con religioso 
respeto (3). 

Después de esta natural digresión, sigamos los 
acontecimientos de Ocumare, que por un momento in- 
terrumpimos. 

Como ya hemos dicho, el Libertador arribó a Hai- 
tí después de haber sido traicionado por su Ayudante, 

30— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

hallando en aquel noble pueblo la misma generosa hos- 
pitalidad. 

Y como Dios velaba por la santa causa que defen- 
día, coincidió su llegada nada menos que con la reelec- 
ción vitalicia del General Petión para Presidente de aque- 
lla República, por la unanimidad de votos de sus conciu- 
dadanos. 

El Libertador se aprovechó, por supuesto, de tan 
feliz suceso y con aquel su estilo oriental le dirigió una 
sugestiva carta de felicitación, donde exteriorizaba su 
justo contento por la merecida justicia que le hiciera 
su pueblo y deseándole la más absoluta dicha personal. 

Y Dios siguió amparando la causa patriota, pues 
que en aquellos mismos días llegó el Doctor Francisco 
Antonio Zea a Puerto Príncipe, comisionado por el Ge- 
neral José Tadeo Monagas y demás Jefes de Oriente, 
con fecha 27 de setiembre, para excitar al Libertador a 
regresar a la Patria, donde sería por ellos reconocido 
como Jefe Supremo de la redentora cruzada. 

La Providencia quiso más todavía, quiso que el Al- 
mirante Brión se apareciera en seguida en aquel puerto 
con su flotilla y animado del deseo de ver otra vez al Li- 
bertador con la espada de la justicia en la mano 

Demás está decir que todo contribuía a la reanuda- 
ción de la guerra, pero ahora bajo otros mejores aus- 
picios, porque la anarquía, que tantos males había causa- 
do, ya no gravitaba sobre la suerte de la República, con- 
vencidos los soldados defensores de ésta, de que sin el 
Libertador no podían llegar a otra parte como no fuera 
al caos. 

Y así fué que sin pérdida de tiempo el Libertador 
y el Almirante Brión se pusieron de acuerdo para vi- 

—31 



EL ALMIRANTE B R I O N 

sitar al General Petión, renovándoles sus congratula- 
ciones y aprovechando la ocasión para informarle de la 
actitud revolucionaria de los venezolanos, y para mejor 
convencer de esta verdad a Petión, el Libertador le leyó, 
traducidos por él, los siguientes párrafos de una carta 
que recibiera del Doctor Zea antes de llegar a aquella 
antilla: "Subsiste todavía un resto de buenos patriotas 
en Venezuela ; la patria vive alimentada de una esperan- 
za, pero le falta un hombre superior capaz de convertir 
esta esperanza en realidad. Llenos de esta idea, los 
pueblos y el Ejército han vuelto su vista al General Bo- 
lívar, a la primera cabeza de la guerra". 

Vivamente conmovido el General Petión, quien 
como Camilo Torres, nunca dudara del genio del Liber- 
tador, luego de corresponder a los parabienes de aquellos 
dos grandes civilizadores, les prometió ayudarlos moral 
y materialmente. 

Y con esto quedó sellado el expediente de la última 
expedición antillana, que para nosotros fué la primera, 
ya que ella contribuyó en mucho a la consolidación de 
nuestra Independencia, como se verá más adelante. 

Así, pues, para diciembre ya el Libertador y Brión 
podían disponer de todo lo necesario para emprender 
aquella otra y última expedición, que, como hemos dicho, 
fué la que diera mejores resultados, pero no debemos 
silenciar que durante todo el tiempo que transcurrió 
entre la llegada y salida de la escuadrilla, fué el Almi- 
rante Brión quien proveyera a todos los gastos, que no 
fueron pocos 

Y si en su carta al General Arismendi le habla de 
160.000 pesos, para aquellos mismos días había gastado 
mucho más, desde luego que él tenía que sostener solo 

32— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

la guerra en el mar, que era costosa, auxiliando además 
con recursos de todas clases a los que se batían en tierra ; 
pudiera decirse, pues, que fué un loco sublime como lo 
fuera el Libertador y ambos me perdonen la sinceridad 
con que en esta como en toda ocasión declaramos lo que 
sentimos, sin preocuparnos por los prejuicios de los 
demás. Así, pues, el 21 de diciembre salió del puerto 
de Jacmel la escuadrilla expedicionaria que mandara el 
Almirante Brión, provista no sólo de elementos de guerra 
y de boca sino de mucho dinero que le proporcionara el 
ilustre curazoleño para racionar la tripulación y hacerle 
frente a los demás gastos del caso. 

Las naves guerreras arribaron felizmente a Juan 
Griego el 28 y en este puerto y con la misma fecha, el 
Libertador en su brillante Proclama dijo entre otras 
cosas, lo siguiente: 

"Venezolanos! Los pueblos, los Generales y los 
Ejércitos, por el órgano del General Arismendi me han 
llamado. Vedme aquí . . . Vengo a la cabeza de una 
cuarta expedición con el bravo Almirante Brión, a ser- 
viros, no a mandaros". 

,En seguida partió la escuadrilla para Barcelona, 
donde desembarcaran los soldados revolucionarios que 
más tarde fueran derrotados en Uñare. A su regreso 
a Barcelona el Libertador le dirigió al Almirante Brión 
la siguiente carta : 



-33 



EL ALMIRANTE B R I O N 

"Barcelona, enero 17 de 1817. 
Al Excelentísimo señor Almirante Luis Brión. 

Juan Griego. 
Señor Almirante: 

Acabo de recibir el oficio de V. E. de 13 del corriente 
y las cinco copias de los oficios, proclamas y cartas diri- 
gidas a los Generales Marino y Bermúdez. 

Cuanto V. E. ha ejecutado hasta aqui con respecto 
al establecimiento del Almirantazgo, es tan interesante 
como juicioso. 

La marina en manos de V. E. será bien pronto res- 
petable, el Almirantazgo estará formalmente establecido 
y la República gozando de sus ventajas. 

Creo como V. E. útilísima la remisión a esa isla de 
los individuos turbulentos de los pueblos del interior 
para formar batallones de marinos. Libraré las órde- 
nes necesarias para que se vayan enviando a disposición 
de V. E. cuantos puedan aprehenderse, lo mismo que los 
marineros que haya por los pueblos de la costa.* 

Son igualmente juiciosos los oficios de V. E. al Ge- 
neral Marino. Creo con fundamento que la armonía 
reinará entre todos los Jefes de la República y que ha 
desaparecido ya la discordia, funesto origen de nuestros 
males. 

Aguardo por momentos 500 reses que Jian salido 
para esta plaza enviadas por el General Zaraza. Luego 
que lleguen tendrá V. E. cuantas puedan transportarse 
a esa isla y todo el maíz que pueda ir. 

34-; 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Quedo en cuenta de la remisión de 2.372 libras de 
plomo de que V. E. me habla, sin poder acusar el recibo 
porque aún están en, La Boca. 

Apruebo el establecimiento del Tribunal para cono- 
cer de los crímenes cometidos por los marinos, cuyas sen- 
tencias podrá V. E. ejecutar por ahora como igualmente 
cuantas medidas tenga a bien para sostener el decoro y 
honor del pabellón de Venezuela. 

Por la copia del oficio que dirijo al General Marino 
y que incluyo a V. E., se impondrá del desgraciado suceso 
de Uñare, pero este acontecimiento, lejos de producir 
consecuencias desgraciadas a la República, le ha causado 
ventajas ; pues un nuevo espíritu ha animado a este pue- 
blo y por un movimiento simultáneo todos los Jefes de 
las divisiones manifiestan doble ardor y entusiasmo. 

El 10 ha marchado el General Arismendi a los 
Llanos, con el objeto de reunir todas las fuerzas que 
actualmente están separadas y de conducir hasta el 
punto general de reunión que hemos acordado, que es 
El Chaparro, la división del General Piar, y el Ejército 
de la Nueva Granada que sólo necesitaba de armas ; y 
he ordenado al General Piar que le suministre las nece- 
sarias para su reunión. Solo en Aragua hemos reunido 
más de 700 hombres, según me participa hoy el General 
Arismendi. 

El General Zaraza ha llegado a El Chaparro con 
1.000 hombres y yo he fortificado perfectamente esta 
plaza, los he municionado y cuento con más de 1.000 
hombres para su defensa. Es, pues, interesantísimo, 
que V. E. me envíe a la mayor brevedad posible las ar- 
mas que pueda y pertrechos y que llegue la Escuadra 
inglesa sin perder momento con los elementos que me 

—35 



EL ALMIRANTE B R I O N 

conduce para trasladarlos* al Cuartel General de lo in- 
terior y pasar yo en persona con ellos, según el voto uná- 
nime de los Ejércitos. En esta plaza habrá siempre una 
guarnición suficiente para defenderla de un poderoso 
Ejército español. Los indios mismos que siguen nues- 
tro partido han manifestado el mayor deseo de que se 
les permita solo a ellos la destrucción de la guarida de Cla- 
rines, con cuyo designio vienen a este Cuartel General. 

Todo, señor Almirante, presenta el aspecto más 
brillante; los españoles no han adelantado un paso de 
Chaguaramas, sin atreverse a acometer al Coronel In- 
fante que los observa de cerca con solo 250 hombres. 

Nuestros recursos se aumentan, pues tenemos mu- 
cho ganado de que disponer y nuestros créditos serán 
puntualmente satisfechos. Los tesoros que conducen 
los granadinos cubrirán igualmente nuestros empeños, 

Cuantas alhajas y objetos de valor, de oro, plata y 
piedras preciosas que contenían las Iglesias de Santa 
Fe y varias personas ricas de la Capital y la Provincia 
vienen en el Ejército. Puede, pues, V. E. contratar 
cuantas armas y municiones pueda, seguro de su pago. 

Dios guarde a V. E. muchos años. 

SIMÓN BOLÍVAR". 

Para aquellos días ya el Almirante Brión, creyendo 
que su presencia en otras aguas más convenía a los in- 
tereses de la República, había hecho rumbo con varios 
de sus buques hacia las costas cubanas en persecución 
de bajeles realistas, habiendo logrado la captura de al- 
gunos que incorporara a los suyos, siendo compasivo con 
los prisioneros. 

36— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Mas, cuando en estas andanzas se hallara, una 
tempestad puso en desorden todos sus barcos, yendo a 
parar él con el suyo a la isla de Pinos. 

Respecto de este percance veamos lo que dice Boyé : 

"La tripulación logró salvarse alcanzando la misma 
isla, pero he aquí que un nuevo peligro les amenazaba. 

"La isla era habitada por pescadores que, al reco- 
nocer el buque náufrago e insurgente, con prisioneros 
españoles a su boi^o, inmediatamente habrían ido a de- 
nunciarlo al Gobernador de Batabanó, quien en seguida 
hubiera enviado a Pinos una fuerza armada que liber- 
tase a los presos y apresase a los libres. Comprendién- 
dolo así Brión, reunió a su gente y les hizo ver que si 
caían en manos de los españoles ni uno solo se salvaría 
y debían, pues, pasar por marinos ingleses y seguir es- 
tricta y ciegamente sus órdenes. 

"Brión dispuso entonces que los ingleses y norte- 
americanos que se hallaban entre ellos, fuesen a desem- 
barcar en un bote en la costa de Cuba, unos como remeros 
en traje de marineros, y otro disfrazado de oficial de la 
marina inglesa, con un pliego que contenía esta misiva : 

"Habiendo el buque de guerra de S. M. B. The 
Welberforce, Comandante Brown, tenido la desgracia 
de encallar en la isla de Pinos, el citado Comandante, en 
nombre de S. M. B., pide auxilio a Su Excelencia el 
Gobernador de Batabanó, para trasportar a los náuf ra- ' 
gos a la costa de Cuba, comprometiéndose el mismo 
Comandante a pagar los gastos". 

"Este cometido se llevó admirablemente bien, pues 
muy pronto aparecieron numerosos bongos en que se 
embarcaron todos los náufragos y además unas peque- 

/ -37 



EL ALMIRANTE B R I O N 

ñas piezas de artillería y otros objetos de valor, salvados 
por los mismos pescadores, quienes estaban en la per- 
fecta creencia de que los náufragos eran realmente in- 
gleses. 

"Los últimos que se embarcaron fueron los en- 
cargados de ocultar a los ojos de los pescadores, los pre- 
sos a quienes Brión, a la hora de la partida mandó a po- 
ner en libertad. 

"Los bongos quisieron poner proa hacia Cuba, pero 
fueron obligados a dirigirse a Jamaica, en donde al llegar 
los remuneró Brión generosamente y les entregó una 
carta para el Gobernador español en que le agradecía 
muy mucho sus importantes servicios! Juzgúese de la 
rabia que le causó al Gobernador tan tremendo chasco". 

Brión regresó a Oriente, persiguiendo siempre las 
embarcaciones españolas con el mejor éxito y prestando 
a su causa^bajo otros aspectos, los más importantes ser- 
vicios. 

Para estos días algunos realistas y no pocos patrio- 
tas hicieron circular la noticia de que el Libertador y su 
guardia de honor habían sido pasados por las armas 
cuando a Guayana se dirigiera con el fin de enrumbar 
la revolución por otros mejores caminos. Y con tal 
motivo, el General Arismendi se apresuró a reunir un 
Congreso en Cariaco, con fecha 8 de mayo, alimentando 
la esperanza de ser él el sucesor de su esclarecido Jefe, 
quien más tarde lo pusiera en los más grandes apuros. ; 

■Aquel triste Congreso, que sólo tuvo un día de du- 
ración, lo integraron las siguientes personas: Francis- 
co Javier Mayz, Presidente; Manuel Isaba, Diego de 
Vallenilla, Francisco Javier Alcalá, Diego Antonio 

38-^ 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Alcalá? Francisco de Paula Navas, Manuel Maneyro y 
Diego Bautista Urbaneja, Secretario. 

Y como el Almirante Brión creyera a su vez en la 
trágica muerte del Libertador, por la insistencia de 
aquellos que así lo divulgaban, no vaciló al formar en 
las filas de los nuevos Congresistas, porque así creía 
cumplir sus deberes para con la causa que defendía. 

Mas, sabiendo positivamente que lejos de haber 
muerto el Libertador, éste se hallaba en Guayana triun- 
fante, le dirigió una carta dándole cuenta de lo acaecido 
en Cariaco, de la conducta que observara en presencia 
de aquellos sucesos y de su actitud para con él, siempre 
franca, leal y abnegada. 

También le daba cuenta de las operaciones prac- N 
ticadas por la escuadra ; y a aquella carta contestó el 
Libertador en los siguientes términos : 

* "Angostura, octubre 3 de 1817—7' " 

Al señor Almirante Luis Brión. 
Señor Almirante: 

La falta de la pólvora que debió conducir la balan- 
dra, compromete la suerte de la República y retarda la 
marcha de sus negocios de un modo que no es imaginable. 
No sabemos hasta dónde se extenderán las consecuen- 
cias de esta falta. 

Convengo en que sin pérdida de un momento salga 
El Cóndor en solicitud de pólvora y que se haga cuanto 
V. E. me propone. Sinembargo, debo advertir a V. E. 
que en San Cristóbal me han asegurado que hay 200 ó 

—39 



EL ALMIRANTE B R I O N 

300 quintales que vendían a cuatro reales la libra. Con 
el dinero en la mano puede conseguirse a buen precio, 
pero que sea volando practicada esta operación. 
Dios guarde a usted muchos años. 

SIMÓN BOLÍVAR". 

De suerte, pues, que el Almirante Brión no sólo 
cumplió sin dilación las órdenes del Libertador, sino 
que adelantó hacia Guayana al valiente marino Antonio 
Díaz con varios buques armados en auxilio de las tropas 
patriotas, siguiendo luego la misma ruta con otros 
barcos a su mando. Y Díaz se batió heroicamente. 

Respecto de la memorable acción de Pagayos, dice 
entre otras cosas el Doctor Jesús Muñoz Tébar en su 
obra ''Bolívar", lo siguiente: 

"Tres balandras vienen remontando por la ancha 
boca: en el tope del único mástil que cada una lleva 
ondea la tricolor bandera de la patria venezolana y el 
gallardete que la acompaña indica que son buques que 
forman la armada de la República. 

"Un punto oscuro, como el que marca gran tronco 
flotante, se ve que baja por el río al encuentro de las ba- 
landras. Es una flechera que hace andar el acompa- 
sado empuje de veinte remos. 

"Una de las naves orza al divisar el diminuto es- 
quife, pone a él la proa y en poco tiempo le da caza. 

" — ¡Ea! ¿Compañeros? ¿Qué significa esto? — pre- 
gunta quien es, sin duda, Jefe de la balandra. 

" — Capitán Díaz, venimos derrotados, — responden 
los del esquife. 

40- 



/. M, S E I J A S GARCÍA 

" — ¿Y mi hermano? — interroga Díaz, con- los ojos 
abiertos por el terror. 

" — Ha muerto, Capitán ; una bala le hirió en el co- 
razón. 

" — ¡ Ira de Dios ! — grita Díaz enfurecido, mesán- 
dose los cabellos — . ; Y los barcos ? 

" — En poder de los españoles. 

" — ¿Cuándo y dónde fué el combate? 

" — Ayer, frente a la boca de Macareo. 

" — ¿Y peleasteis bien? 

" — Como leones, Capitán. 

" — Vamos ahora, camaradas, al encuentro de esos 
malvados a vengar la muerte de mi hermano y de sus 
valientes compañeros. 

" — Pereceremos también, porque son once sus bu- 
ques más nuestras tres balandras, y están entusiasma- 
dos por el triunfo. 

" — ¡Pereceremos! — dice, soberbio, Díaz — ; no im- 
porta, si damos muy caras nuestras vidas. A morir 
venimos cuando no podemos vencer. Id volando — dice 
a los del esquife — a comunicar a mis otras dos naves lo 
ocurrido y lo resuelto, y embarcaos en una de ellas. 

"Sigue la remontada sin novedad alguna hasta la 
mitad del día, en que costeando la , Isla de Pagayos, se 
descubre la escuadrilla española que baja el río clamo- 
rosa por su triunfo y segura de uno nuevo. 

"Poco tiempo pasa y los tres barcos republicanos 
quedan rodeados por los del enemigo, de los cuales cinco 
atacan por una banda, cinco por la otra, y por el frente 
la nave capitana de la engreída escuadrilla. 

"El valeroso Díaz dispara a diestro y siniestro sus 
cañones y sus fusiles ; y cae de improviso sobre tres de 

-41 



EL ALMIRANTE B R I O N 

las naves enemigas que juzga más débiles y en peores 
condiciones para la defensa, por el viento con que todas 
maniobran. 

"Las aborda: acuchilla sin piedad a cuantos las 
defienden, las rinde y las deja tripuladas con parte de 
su gente, cuando vuelve cara a los que vienen a aco- 
meterlo. Esquivando el ataque que puede dañarle, atis- 
ba la oportunidad que le es favorable para embestir 
y descargar certero golpe. Así logra recobrar pronto 
las tres naves quitadas a su hermano, y que venían a 
remolque y sin defensa, como demasía que no se ne- 
cesitaba para la que se creyó fácil victoria. A los tres 
reconquistados buques hace Díaz que salten distribuidos 
en tres grupos los sobrevivientes a la rota de Macareo. 
— "Con ellas, camaradas — -díceles, irguiéndose, el des- 
nudo sable alto en la diestra — con ellas a cobrar a esos 
bandidos la sangre de nuestros compañeros". 

"Superior ya en número de buques la escuadrilla 
republicana, el furioso margariteño da la orden de nue- 
vo abordaje, lanzando antes sobre los más cercanos ene- 
migos el fuego de sus fusiles y de sus cañones; pero 
aterrorizados los españoles ante la furia de aquel teme- 
rario valor, y con miedo de caer en manos del iracundo 
Capitán que a gritos lamenta la muerte (¡leí querido her- 
mano, no esperan el ataque y huyen a tpdo trapo hacia 
Guayana la Vieja, a ponerse . allá al amparo de las for- 
talezas. / 

"Gran trecho los va siguiendo el implacable Díaz, 
pero sin poder darles alcance : tan maltratados quedaron 
sus bajeles y tan cansados sus defensores en la terrible 
y desigual refriega. 

42— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

"Aquella flotilla es la vanguardia de la escuadra 
que trae Brión a Bolívar para completar la republicana 
conquista de Guayana. 

"Al día siguiente, cuando la aurora tiñe de relu- 
ciente carmín las nubes del horizonte oriental y en- 
rojece las amarillentas aguas del Orinoco, divísanse 
entrando por la gran boca, como bandadas de blancos 
cisnes, numerosas velas que turgentes arrastran diversas 
naves de alto bordo. 

"La bandera de la República tremola sobre los 
topes. ¡ Es la escuadra de Brión ! ¡ Salve, salve mil 
veces a los que vienen a redimir la Patria del opresor 
dogal de la colonia ! Majestuosa procesión la de esos 
buques, tripulados de héroes y cargados de elementos 
para la guerra, surcando las aguas del majestuoso río 
que en breve tiempo será línea divisoria entre republi- 
canos y realistas y para estos últimos para siempre ina- 
bordable. 

"Avisado el Almirante Brión de la hazaña de An- 
tonio Díaz por comisionado" que éste le envió anuncián- 
dole que esperaba en la boca' de Macareo, ordena a todos 
sus buques Se estén al pairo al encuentro de la ¡victorio- 
sa escuadrilla, y que al llegar Díaz a bordo de la capi- 
tana, cada buque haga un disparo de cañón y salude 
a los bizarros marinos con la enseña de la Patria. 

"Y así se verifica aquella escena de arrobador en- 
tusiasmo, pues nunca fueron más justos los honores que 
aquellos tributados al héroe de Pagayos. 

"El trueno de los cañones, llevado en alas de los 
vientos, llega hasta Casacoima a anunciar a Bolívar la 
fausta nueva del arribo de la escuadra republicana por 
él tan ansiosamente esperada". 

—43 



X 



EL ALMIRANTE B R I O N 

El Almirante Brión había remontado el Orinoco 
con cinco bergantines y otras tantas goletas que no en- 
traron en pelea, pero que de todos modos prestaron 
los más útiles servicios en aquellos momentos, desde 
luego que esto determinó al General La Torre a evacuar 
aquella plaza de Angostura, . que ocupara el General 
José Francisco Bermúdez por orden del Libertador. 

Como es sabido, el día 16 de octubre de dicho año 
17 fué fusilado el General Manuel Piar, en Angostura, 
por los delitos de inobediencia, sedición, conspiración 
y deserción, todo lo cual quedó debidamente comprobado. 

Antes de ejecutarse al reo, el Libertador le decía 
al General Bermúdez, con fecha 4 de dicho mes: "Mi 
deseo particular privado es ahora que el Consejo pueda 
conciliar el rigor de la Ley y el crédito del Gobierno con 
los merecimientos del reo. Escogeré para el Consejo 
de Guerra de entre los oficiales, Generales con las cua- 
lidades que requiere la Ley, aquellos que yo sepa que no 
tienen motivos de resentimiento con Piar. Brión, su 
paisano y su más íntimo amigo, será el Presidente y en 
los demás vocales se encontrarán criaturas de aquél". 

Y dos días antes de ser fusilado Piar, el Libertador 
le dirigió al Almirante Brión la siguiente nota : 

"Angostura: 14 de octubre de 1817. 

Señor Almirante Luis Brión. 

Presente 

Excelentísimo señor : 

Para juzgar al señor General Manuel Piar, acu- 
sado de diversos delitos, debe reunirse un Consejo de 
Guerra con arreglo a los reglamentos vigentes y publi- 

44— 



Á M. S E I J A S GARCÍA 

cados en el Ejército; y como en virtud de ello me corres- 
ponde el nombramiento de los vocales que deben com- 
ponerlo, hallándose ya sustanciado el proceso y en es- 
tado de llevarse al Consejo para su decisión, tengo a 
bien nombrar a V. E. Presidente de él, y a los Generales 
de Brigada Pedro León Torres y José Antonio An- 
zoátegui, Coroneles José Veloz y José María Carreño 
y Tenientes Coroneles Judas Tadeo Piñango y Francis- 
co Conde, Vocales. 

El señor General Carlos Soublette, ejerce las fun- 
ciones de Fiscal en' la causa y el Teniente Coronel Fer- 
nando Galindo las de defensor. Luego que el Fiscal 
participe a V. E. que puede reunirse el Consejo, lo con- 
vocará V. E. señalando el lugar donde deba celebrar la 
sesión. 

SIMÓN BOLÍVAR". 

Cumpliendo dicho encargo, el Almirante Brión 
reunió el Consejo de Guerra, y como era un hombre 
absolutamente austero y quien por otra parte estaba 
apercibido de que eran justos los cargos que se le hacían 
a su amigo y compatriota, le dijo a los miembros del 
Consejo : "Compañeros : Si ustedes votan pidiendo con- 
mutación, yo les acompañaré en esto, como en la respon- 
sabilidad para con la Patria que la conmutación puede 
traernos; así como el Jefe Supremo accederá cargando 
él con lo que le toque en su caso, si el perdón diese malos 
resultados para la República ; yo, señores, añadió, no 
tengo otra regla que procuro suavizar en ciertos casos, 
que mi deber de hijo de esta Patria que estamos liber- 
tando. Si el General Bolívar, cuyos títulos respeto, 

—45 



EL ALMIRANTE B R I O N 

como estimo su persona, tuviera la desgracia de delin- 
quir y a mí me tocara la de juzgarle, no se vería decaer 
la rectitud de mi proceder. Soy en estos casos, antes 
que Luis Brión, servidor fiel de la causa que abracé, y 
cumplidor de la Ley que he jurado". 

Este rasgo de inflexibilidad basta para destacar 
al Almirante Brión con las proporciones mismas del 
hombre más integérrimo de su tiempo. 

El bien sabía que era Piar el primer General de Ve- 
nezuela de cuantos militaran para aquel entonces bajo 
las órdenes del Libertador"; no ignoraba los valiosos 
servicios que le prestara aquél a la República, en momen- 
tos de prueba, pero como un justo del tamaño de Aris- 
tides, creyó el perdón incompatible con su deber y con su 
misma conciencia. 

Y tal actitud, digna de los más dignos griegos, 
perfila asimismo el temple de su alma, abierta siempre 
a la clemencia cuando ésta no contrastaba con la moral. 

El expediente de aquella causa célebre, un tiempo 
extraviado, es hoy conocido de Venezuela y del mundo, 
evidenciándose de él que Brión no fué un parcial ni 
mucho menos, sino un fiel intérprete de las leyes de la 
República , y un hombre que no le temía al fallo de la 
Historia, porque su conciencia no tenía la ductibilidad 
de las de aquellos que por unas míseras monedas son ca- 
paces de cometer las mayores infamias. 

Ya para fines del año que nos ocupa, el Libertador 
creó varias Secciones de Estado a manera de Ministe- 
rios, designando al Almirante Brión para desempeñar 
la de Guerra y Marina, correspondiendo en el desempeño 
de dicho cargo a los reclamos de la República y exte- 

46— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

riorizando además sus nada comunes conocimientos mi- 
litares, organizando su Despacho con la seriedad que 
demandaban las circunstancias. 

En uso de sus facultades volvió a surcar los mares, 
en su doble carácter de Almirante y de Ministro de 
Guerra y Marina en campaña, y, obedeciendo instruc- 
ciones del Libertador, para los primeros días de 1818 
se hallaba en Güiria, dando órdenes a los Generales Ma- 
rino y Bermúdez, evitando el comercio de los buques rea- 
listas, no menos que favoreciendo el tráfico del Orinoco 
por las naves patriotas. 

Por otra parte, el Almirante Brión estaba pendiente 
de los contingentes extranjeros que debían arribar a las 
playas de la Patria y a los que debía recibir y sostener 
de un todo, con sus propios recursos. 

Es decir, le atendía a todo y por todo se sacrificaba, 
pareciéndole todavía poco lo que hacía en obsequio de 
la causa que había abrazado con toda su alma, como se lo 
escribiera a su familia desde La Guaira en 1814, para 
morir abrazado a aquélla. 

Y este caso del Almirante Brión es antes que todo 
un caso psicológico digno de estudio, porque concurren 
muchos motivos para creerlo así, que nosotros no ana- 
lizamos por nuestra incapacidad, dejando al mejor juicio 
de los historiadores de lo porvenir la tarea que no nos 
atrevemos a abordar. Así, pues, como ya lo hemos in- 
sinuado, el Almirante Brión le atendía a todo y así se 
explica que el Libertador siempre estuviera pendiente 
de él. 

La carta que se leerá en seguida ratifica lo que de- 
cimos : 



-Al 



EL A L M I R A N T E B R I O N 

cargado del Poder Ejecutivo, para marchar a las Anti- 
llas y embarcar los emigrados patriotas y el mayor nú- 
mero de armas para la campaña de aquel año. 

Con exceso de buena voluntad y con el mejor éxito 
cumplió tan importante comisión, regresando a Angos- 
tura con todos los elementos de guerra que había com- 
prado por su cuenta y además llevando a su bordo un 
Agente Confidencial Norte-Americano, que debía con- 
ferenciar con el Libertador. , 

Se nos había olvidado decir, que antes de empren- 
der aquella campaña trasandina, para fines de 1818, 
había dispuesto el Libertador la organización de tres 
grandes legiones, la de Páez, la de Marino y la de Ur- 
daneta, pero según éste, "como únicos recursos para 
pagar las tropas y abrir operaciones, un despacho del 
Libertador para el Almirante Brión, con el objeto de 
que proveyese lo necesario". Demás está decir que nada 
faltó. 

Antes de seguir adelante veamos lo que dice El 
Universal con fecha 23*de mayo del corriente año 
(1921): 

"EL HEROÍSMO DE BRION 

"El asalto del Morro de Barcelona. — Importante docu- 
mento inédito que nos comunica un biznieto del glorioso 

Almirante. 

"La celebración del primer centenario de la muerte 
del Almirante Brión, en la que tomarán parte, con el 
mismo justo orgullo patriótico, Venezuela y la Colonia 
Holandesa de Curazao, ha atraído la atención pública 
hacia la vida y la obra de este- gran marino, de los pri- 

50— 



/. M. S E I J A $ GARCÍA 

meros en seguir la estrella de Bolívar con la fe de que 
ella iría en ascensión creciente hacia los Cielos de la 
inmortalidad. El Almirante de la Gran Colombia ' rea- 
lizó en nuestros mares hazañas estupendas, como la de 
la toma por asalto del Morro de Barcelona el 18 de julio 
de 1819, sobre la que nos comunica un biznieto del glo- 
rioso marino, el señor Gregorio Franco Golding, el 
siguiente importante documento inédito : 

Copia inédita y exacta de la toma por asalto 

del Morro de Barcelona, el 18 de julio de 1819, por 

el Almirante Luis Brión 

"Al Honorable señor Ministro de la Guerra y Marina. 

Tengo la satisfacción de participar a su Honor las 
operaciones de la Escuadra de mi mando hasta esta fecha 
para que su Honor las eleve al conocimiento del Exmo. 
señor Presidente de estos Estados Unidos. 

Estando lista la escuadra de los buques de guerra 
y trasportes, según la lista No. 1 se embarcó el ejército 
expedicionario al mandó del señor General de División 
R. Urdaneta, eL14 y el 15 por la mañana se dio la vela 
con la dirección al puerto de Pozuelos, donde dio fondo 
el 16 a las ocho de la noche; el 17 al amanecer, se desem- 
barcó el ejército en dos columnas, }y principió su 
marcha sobre la ciudad de Barcelona a las tres de la ma- 
ñana del 18 y la ocupó a las ocho del mismo día, sin opo- 
sición alguna. 

Como yo estaba persuadido de que el enemigo de 
Cumaná no dejaría de reforzar el Morro de Barcelona, 
si fuese posible, me determiné a tomarlo por asalto sin 

—51 



EL ALMIRANTE B R I O N 

esperar la cooperación del ejército; a cuyo fin destiné 
mis Edecanes y Mayor Graham del batallón de infan- 
tería de marina a reconocer con unas flecheras tres 
puntos de desembarque en el mismo Morro, pero no en- 
contraron más que dos bien inaccesibles: Dispuse en- 
tonces el ataque en dos columnas, la primera al mando 
de mi Edecán' el Coronel Jackson y Mayor Graham com- 
puesta de 100 hombres, la segunda al mando de mi Ede- 
cán el Coronel Garcin, con otros tantos hombres, acom- 
pañado de mi Edecán el Teniente Coronel Voigt con 
órdenes de dirigirse aquella rápidamente sobre el Cas- 
tillo viejo, entre tanto que ésta ganaba las alturas y to- 
maba la cúspide y di orden a las goletas Franklin y Fa- 
vorita, a cuatro piraguas y una lancha de guerra para 
que incomodasen al enemigo en el castillo principal que 
se halla sobre la lengua de tierra al subir el cerro ; pre- 
paré en seguida otra columna de reserva compuesta de 
cien hombres de los diferentes buques de guerra los 
cuales fueron colocados en las lanchas de la Victoria, 
Libertador, Almirante Brión, todas armadas con ca- 
ñones de a 4, al mando de sus respectivos oficiales. Me 
puse a la vela a las dos y media de la tarde, por no ha- 
berlo permitido la brisa antes : al desembarco sufrió los 
fuegos de los enemigos que se hallaban emboscados en 
los cerros, pero nada pudo contrarrestar la marcha rá- 
pida de nuestra marinería y tropa. 

Pasé con la escuadra virando sobre la popa a la par- 
tida del Oeste, donde el enemigo tenía una columna fuer 
te, destiné entonces la reserva a desembarcar al pie 
del castillo viejo, entre tanto nuestras tropas habían 
ganado las alturas, los enemigos comenzaron a vacilar 
y se retiraban en desorden a los diferentes puntos y 

52— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

trincheras, me acerqué con la escuadra lo más posible, 
rompieron un fuego muy vivo todos los buques de guerra 
sobre los fuertes; los enemigos no tuvieron tiempo de 
hacer más de dos tiros, y abandonaron sus fuertes y 
trincheras ; el Coronel Garcin ganó rápidamente la cús- 
pide del Morro, donde fué arbolada * nuestra primera 
bandera, y sobre la marcha ocupó el Coronel Jackson 
el fuerte viejo, y en seguida otra fortificación, entre 
tanto bajaba el Coronel Garcin sobre la playa, el enemi- 
go viéndose cortado, abandonó la playa botando sus 
fusiles, otros embarcándose en botes y canoas, los que 
fueron todos tomados ; en la huida de los enemigos por 
la lengua de tierra recibieron un fuego muy vivo del 
Franklin, Favorita y flecheras, y quedaron tendidos una 
porción sobre la playa, entre ellos el Comandante del 
Morro, los demás que se dispersaron por los montes se 
encontraron con la columna que conducía el señor Ge- 
neral Valdez y que había hecho marchar velozmente 
el señor General Urdaneta apenas que recibió mi aviso 
de ir a atacar los castillos, y casi todos fueron hechos 
prisioneros. 

Nuestra pérdida ha sido de un oficial de infantería 
de marina gravemente herido y tres marineros levemen- 
te, la del enemigo de 13 muertos y 40 prisioneros. 

No puedo menos que hacer presente al Gobierno 
la conducta admirable que han tenido en esta gloriosa 
jornada todos los oficiales, marineros y soldados de mi 
mando, jamás Jefe ha sido mejor obedecido, ni la Patria 
mejor servida. Todo, todo era unión, valor e intrepi- 
dez, cada uno trataba de propasar al otro en el buen 
cumplimiento de sus deberes, y así recomiendo a la con- 
sideración del Gobierno los buenos y distinguidos ser- 

—53 



EL ALMIRANTE B R I O N 

vicios de todos, y principalmente a los Comandantes de 
los diferentes buques según lista No. 2, como igualmen- 
te los muy distinguidos servicios de mis Edecanes el 
Coronel Jackson, el Coronel Garcin, Teniente Coronel 
Voigt, el Sargento Mayor Graham del primer batallón 
de infantería de marina, todos los oficiales y soldados 
del mismo cuerpo ; adjunto lista No. 3 que contiene la 
relación de los efectos, armamento, etc., tomados en los 
diferentes castillos y plaza. 

D. G. su Honor muchos años. Morro de Barcelo- 
na a las ocho de la noche de 18 de julio de 1819. 

L. Brión. 

Es copia de la que encontré entre los papeles de mi 
padre Luis Voigt. 

Barranquilla, 19 de setiembre de 1889. 

Aristides Voigt". 

Como se desprende del documento copiado, le evi- 
tó al General Rafael Urdaneta las penalidades de aque- 
lla campaña ; y la acción del Almirante Brión fué muy 
celebrada en todo el Oriente, comunicando entusiasmo 
al espíritu público. ' 

Para principios de enero le dirigía la siguiente carta 
al Libertador : 

"Juan Griego: enero 4 de 1820. 

Excelentísimo señor General Simón Bolívar. 

Ciudad Bolívar. 

Mi querido General : 

He recibido por manos de Montilla su muy apre- 
ciable carta de 14 del mes pasado ; felicito a Ud. por su 

54— 



/. M % S E I J A S GARCÍA 

feliz regreso a Venezuela y por los triunfos que le han 
coronado en la Nueva Granada. 

Su vuelta para mí es un nuevo nacimiento, pues la 
pesadumbre me estaba llevando al cabo de mi vida : aho- 
ra resuello, ya que los infames ingratos e intrigantes 
han acabado su papel. 

La venida de Ud. era a tiempo, pues pronto se iba 
a perder la Patria ; el Universo entero tenía los ojos 
abiertos sobre los malvados ; y Ud. no puede figurarse 
con qué indignación se les miraba entre los extranjeros, 
de modo que han perdido enteramente el poco concepto 
que antes tenían entre ellos y los hombres buenos de Co- 
lombia. 

Sería nunca acabar si yo me pusiera a detallar a 
Ud. todo lo que ha sucedido después del acontecimiento 
de Angostura (4) : vi claramente donde iban a parar 
las cosas y arreglé mi conducta conforme, con mucha 
prudencia, frustrando todos los designios del cabecilla. 

El General Bermúdez durante todo el tiempo ha 
estado de acuerdo Conmigo, siempre amigo de Ud., del 
buen orden y de la justicia ; la conducta del General 
Gómez ha sido la misma, nada ha hecho sin consultar- 
me y sin mi aprobación, así todo ha andado bien. s 

Seguí preparando siempre la expedición con que 
pensaba dar la vela el 6 del corriente, con dirección al 
Río de la Hacha, para ocupar después el Valle de Upar 
y marchar sobre Santa Marta, entretanto la escuadra la 
estaría bloqueando. 

Conozco la importancia de tener un puerto en la 
Nueva Granada, para suministrar a Ud. 25.000 fusiles, 
que desde luego habría conseguido. 

-55 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Consulté con Zea sobre estas operaciones, pero 
Arismendi las desaprobó (naturalmente) pero yo las iba 
a ejecutar, porque supe que Ud. desde Santa Fe manda- 
ba que la escuadra pasase al frente de Santa Marta y 
deseaba cumplir con sus órdenes, aunque no me fuesen 
comunicadas. 

Desembarcar las tropas irlandesas en la Provincia 
de Cumaná o Barcelona, era perderlas. 

Por falta de dinero la escuadra no es tan numerosa 
como se podría esperar ; sin embargo, a fuerza de sa- 
crificios y trabajos se compone de trece buques y es- 
pero que dentro de pocos días se aumentará a veinte y 
uno, porque ocho buques se hallan fuera y deben regre- 
sar por momentos : agrégase a esto los buques de guerra 
que debe traer el General D'Evereux, uno de ellos de 28 
cañones y el otro un bergantín de primera clase de 18 
cañones : este General dilata mucho. En su última co- 
municación de 28 de setiembre me dice que estaría en 
esta Isla a fines de noviembre y por el último transporte 
he sabido que 1.000 hombres estaban listos para salir. 

Ud. no puede tener una idea, mi querido amigo, 
de los trabajos y tormentos que he pasado y estoy pa- 
sando por la Patria, sin dinero, sin víveres, sin auxilio 
de nadie ¿en qué estado debe estar mi espíritu, ame- 
nazado por los malvados e intrigantes? 

Hay infinidad de picaros en esta Isla, de modo que 
no tengo vida mientras la piso. 

Ud. dice muy bien, que tiene toda confianza porque 
me hallo aquí ; quede Ud. seguro de que yo donde es- 
tuviere, trataré siempre de sostener a Ud. para el bien 
de la causa. 

56- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Quedo siempre Jefe de la tropa irlandesa que me 
ama mucho ; y que yo solo era capaz de haberla puesto 
en el estado en que se halla en el día : le falta todavía 
camisas y zapatos ; más de 2.000 pares de éstos les he 
dado desde que llegaron a esta isla, pero los zapatos eran 
malos. 

Mariano va encargado de traer todo lo que se ne- 
cesita, sin lo cual no se pueden mover ; aunque yo no ha- 
bría aguardado nada, vista mi situación, sin ningunas 
esperanzas de ser socorrido. El estado en que me halla- 
ba me obligaba a salir por no tener más víveres que 
para veinte días y sin esperanzas de conseguir más. 

Nuestra fortuna ha sido la llegada de un bergantín 
de Boston, cargado de víveres y algunos artículos nece- 
sarios para nuestra marina, al tiempo que estábamos pe- 
reciendo ; hice una contrata con su dueño, que es un 
antiguo amigo mío ; de oficio pido al Ministro el dinero 
para pagar a este individuo. 

Con la llegada de Mariano dilatará la expedición 
algo más, y llevará el destino señalado en las instruc- 
ciones. 

Mariano sale mañana para San Thomas en el fa- 
moso bergantín del Estado Boyacá, a fin de conseguir 
todo lo que necesitamos con la mayor brevedad. 

Si el señor Arismendi me hubiera remitido el dine- 
ro, Ud. habría tenido tiempo há 20.000 fusiles en An- 
gostura, porque yo habría salido en persona con cinco o 
seis buques de guerra para conseguirlos ; no sé si habrá 
esta cantidad ahora en San Thomas, porque los espa- 
ñoles han comprado una partida ; sinembargo, creo que 
todavía hay suficientes en las islas. En Santo Domingo 
hay de todo, y estoy bien con San Cristóbal ; de Norte 

—57 



EL ALMIRANTE B R I O N 

■ 

América se podría conseguir con dinero todo a muy 
bajos precios, por la escasez de metálico en aquel país. 

El General Bermúdez presentará a Ud. en mi nom- 
bre, un sable, aunque no muy brillante, acéptelo en tes- 
timonio de la amistad que le profesa su mejor amigo : 
deseo que Ud. entre a Caracas con él (5). 

Recomiendo a Ud. particularmente la conducta de 
dicho General, durante el tiempo que ha estado en esta 
isla. 

No me olvide Ud. según me promete, pues mis 
cuentas ascienden ya a más de 300.000 pesos: debo 
mucho dinero en todas partes y mis amigos empiezan 
a molestarme con razón : mire Ud. que mi crédito sufre 
mucho. 

Ud. debe mandar satisfacer a Mr. Hood, de la 
Granada. A Mr. Thompson he tomado una porción de 
efectos, para la Legión Irlandesa y demás tropas, según 
lo que Ud. verá por la contrata. 

La Legión Irlandesa me ha dado mucho que ha- 
cer, han venido casi tantos oficiales como soldados, gran 
parte de aquellos han vuelto a Europa, pero nada hemos 
perdido, porque la mayor parte de ellos eran hombres 
que nunca habían servido; todavía quedan muchísimos 
aquí, de modo que he tenido que formarles en un Cuerpo 
de honor, para no tener 15 o 20 de ellos por cada com- 
pañía. 

El regimiento 1* de Rifles se ha comportado siem- 
pre muy mal, hasta que el mismo Comandante de ellos 
se ha visto obligado a suplicar su disolución. Así he 
formado ahora solamente, el primer regimiento de Lan- 
ceros (obrando ahora como infantería), el primero de 

58— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

línea de Cundinamarca, el primero Tiradores o infante- 
ría ligera y así están todos muy contentos. 

Es una fortuna que haya salido el tal Meade; es 
un gran malvado: veinticuatro horas después de desem- 
barcar aquí, quiso atropellar al Gobierno y por fin tuve 
que embarcarle por sus maldades ; yo creo que era espía 
del Duque de San Carlos. 

El mismo General D'Evereux da parte que Meade 
es un picaro, lo mismo dice de un tal Gore, Teniente Co- 
ronel que huyó con un trasporte y ha llegado a ésta 
después de haber disuelto su tropa en Santa Cruz y ven- 
dido los efectos de los oficiales que debían haber venido 
con él, pero han preferido venir en otro buque ; se está 
formando un sumario a Gore. 

Nuestros buques han sido muy desgraciados, no han 
apresado sino unos miserables buques de ningún valor. 

Estoy tan contento de tener al amigo Lino a mi 
lado, que ,no puedo desear más, ' a pesar de que estamos 
muy infelices, pasando mil miserias. Ud. apenas me 
creerá cuando le digo que no poseo más que cinco cami- 
sas, porque no puedo gastar un solo real mientras duren 
las grandes necesidades de la tropa. 

La corbeta Victoria está enteramente perdida; esto 
es, el casco, porque se ha salvado todo lo demás ; murie- 
ron 83 marineros de resultas de dar a las bombas por el 
espacio de seis semanas sin intermitencia; la tabla de 
alef ris parece que se largó de cinco a seis varas, y con 
el fuego violento de Barcelona, cogió más daño. 

Cuando salió el tal señor Joly de esta isla con la 
corbeta, no hacía ella una gota de agua y regresó hacien- 
do siete pies por hora. 

—59 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Si Ud. no llega tan a tiempo, me iba a formar el 
insubordinado y malévolo Arismendi, un sumario por 
su pérdida . . . ¡ Qué hombre tan injusto y vil, que nun- 
ca debe olvidar el 2 de mayo y otras épocas memorables ; 
paciencia, la justicia y el honor siempre triunfan ! 

Bermúdez le impondrá de muchas cosas que por mis 
muchas ocupaciones no puedo someter al papel. 

Deseo a Ud., mi buen amigo, la felicidad que me- 
rece en la presente campaña y que ponga fin a nuestros 
males y que gocemos del fruto de nuestros infatigables 
trabajos en el seno de la gran familia colombiana. 

Adiós, páselo bien, y créame como siempre su in- 
variable amigo. 

L. Brión". 

La comunicación copiada pone de relieve el carác- 
ter y la sinceridad de Brión, no menos que su buen jui- 
cio y su paciencia para sufrir estoicamente muchas con- 
trariedades que su autoridad podía haber evitado. 

Hay más todavía, pero refiriéndonos a otro orden 
de consideraciones, pudiera decirse que el desprendi- 
miento de Brión sólo era comparable al del Libertador, 
porque no conocemos otro caso ni en aquellos ni en los 
actuales tiempos, que se parezcan al uno ni al otro. 

Así, pues, como es sabido, el Congreso de Angostu- 
ra, presidido por el Doctor Francisco Antonio Zea, con 
fecha 11 de enero de 1820, dictó una Ley para la liqui- 
dación de las deudas contraídas por la causa de Co- 
lombia, sostenida gloriosamente por sus hijos y por mu- 
chos extranjeros beneméritos de la libertad. 

Y la que gozaba de prelación por muchos respec- 
tos era aquella contraída con el Almirante Brión, quien 

60— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

después de agotar sus cuantiosas riquezas personales, 
que abnegadamente aportó para la liberación de la Gran 
Colombia, sacrificó otras no menos cuantiosas que su 
crédito le proporcionara, no acogiéndose a lo dispuesto 
por el mencionado Decreto : este rasgo basta para la glo- 
ria de aquel hombre singular. 

La única reclamación que sepamos fuera atendida, 
proveniente de los días heroicos, con motivo de unos bu- 
ques que apresara el Almirante Brión para ponerlos al 
servicio de los revolucionarios de Nueva Granada, fué 
la que hiciera el señor Agustín Morandi en represen- 
tación de su señora. 

A este respecto dice la Memoria del Ministerio de 
Relaciones Exteriores de 1880, lo siguiente: "El señor 
Agustín Morandi, en representación de los derechos de 
su esposa, la señora Julia Dautant, venezolana por su 
matrimonio con un venezolano y como apoderado de dos 
hermanos de ella, pidió y obtuvo una recomendación 
de este Despacho en favor de su crédito contra Colom- 
bia. El reclamo provenía del apresamiento que en 1819 
hizo el Almirante Brión, del corsario de la República 
Oriental El Gran Guaicurú y de su presa Los Tres Co- 
razones, naves de que dispuso para contribuir a la li- 
bertad de las Provincias de Cartagena, Santa Marta y 
Río Hacha. Desde 1845 reconoció Venezuela y mandó 
pagar el 28, y 2 % de esta acreencia, por haberla estima- 
do legítima, según consta del Decreto legislativo de 21 
de abril y como el valor de las presas y sus cargamentos 
se empleó en auxilio de Provincias Granadinas, parecía 
que Colombia estaba inmediatamente interesada en re- 
compensar el servicio recibido de este modo. Una ley 
de 20 de junio autorizó al Poder Ejecutivo para celebrar 

-61 



EL ALMIRANTE B R I O N 

y llevar a efecto, sin necesidad de posterior aprobación 
del Congreso, un convenio sobre el reconocimiento y 
pago de este crédito, si lo encontraba debidamente com- 
probado. En consecuencia, se ajustó la demanda. Es- 
tipulóse pagar al señor Morandi la suma de cuarenta 
mil pesos fuertes en libranzas destinadas al pago de 
indemnizaciones de extranjeros que ganan el 6% de 
interés y son admisibles en el 8% del total de la renta 
aduanera. Corrían al 70%, pero el Convenio contenía 
la cláusula de entregar el Gobierno en el acto la mitad 
de la suma y al cabo de un mes la restante. Se sabe que 
el interesado tomó la primera, y a su tiempo percibiera 
la segunda". 

Esto es todo lo que podemos decir acerca de las 
reclamaciones extranjeras ocasionadas por aquel res- 
pecto, porque nuestras ocupaciones no nos han permiti- 
do hacer un trabajo de mayor extensión y de mayor 
justicia, ilustrado con otros documentos, ya que el asun- 
to que nos ocupa es grato y patriótico, otras personas lo 
completarán mañana con las notas del caso. 

Si mal no recordamos, el último servicio que le pres- 
tara el Almirante Brión a Colombia fué la expedición 
que dispuso el Libertador sobre Río Hacha, en 1820, 
con el fin de someter a aquel pueblo. 

Su Intimación dice así : 

LUIS BRIÓN, DE LA ORDEN DE LIBERTADORES, ALMIRANTE DE LA ESCUADRA 

NACIONAL, GENERAL EN JEFE DE LOS EJÉRCITOS, ETC., ETC., Y 

MARIANO MONTILLA, DE LA ORDEN DE LIBERTADORES, AYUDANTE GENERAL 

Y COMANDANTE DE LA DIVISIÓN EXPEDICIONARIA, ETC., ETC. 

Al Gobernador Comandante del Rio de la Hacha. 

El Supremo Gobierno de la Repúblca de Colombia 
nos ha honrado confiándonos la empresa de libertar la 

62— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

costa de Nueva Granada, para unirla a la gran familia 
de Colombia; y nosotros hemos recibido una satisfac- 
ción doble al ver en nuestras instrucciones las órdenes 
más filantrópicas con respecto a nuestros enemigos los 
españoles europeos. 

Las leyes proclamadas por el Congreso General de 
Venezuela serán puntualmente ejecutadas ; y, en una pa- 
labra, las fuerzas bajo nuestro mando no serán jamás 
conquistadoras. La gloria de dar la libertad a los ame- 
ricanos oprimidos, es a lo que más aspiramos. 

Nuestro deber en cumplimiento de nuestras ins- 
trucciones, de procurar evitar toda efusión de sangre 
inútilmente, «iios compele a intimar a V. E. la rendición 
de los fuertes que están bajo su mando, en el término 
de una hora, contada desde el momento en que llegue a 
la costa esta intimación, dirigida por las disposiciones 
benévolas del Supremo Gobierno de Colombia. 

Excusamos amenazar a V. E. al imponerle de nues- 
tra fuerza, porque semejante lenguaje es un medio 
débil, pero le hacemos responsable de la sangre que se 
derrame inútil e injustamente. 

La detención del parlamentario será considerada 
como una negativa, que nos hará proceder en confor- 
midad. 

Dios guarde a V. E.. 

Luis Brión. 
Mariano Montilla. 

(A bordo del bergantín Urdaneia, a 12 de marzo de 
1820. — 10 9 de la Independencia). 

La contestación del jefe realista fué la siguiente: 

—63 



EL ALMIRANTE B R I O N 
Gobierno de Río de la Hacha. 

A S.S. E.E. los Generales Luis Brión y Mariano Mon- 
tilla etc., etc. 

He leído la carta que S.S. E.E. me han enviado 
con el parlamentario ; y en su respuesta, limitado a darla 
dentro de una hora, puedo solamente decir, que mis 
fuerzas en esta plaza y la reserva en el interior con- 
testarán todos los contenidos de la carta de S.S. E.E. 

Dios guarde a S.S. E.E. muchos años. 

Río de la Hacha, a 12 de marzo de 1820. 

José Solís". 

Después de esta arrogante contestación, Brión y 
Montilla desembarcaron sus tropas sin pérdida de tiem- 
po, ocupando pacíficamente el puerto de Río Hacha, por 
haber abandonado dicha plaza el señor Coronel realista 
Don José Solís. 

Dueño de la plaza, publicó al día siguiente la Pro- 
clama que en seguida copiamos : 

LUIS BRIÓN, ETC., ETC., Y MARIANO MONTILLA, 
ETC., ETC. 

A los habitantes del Río de la Hacha. 

El Supremo Gobierno de Colombia nos ha honrado 
con el mando de una División, cuyo objeto solo es in- 
corporar a los habitantes de la Nueva Granada con la 
familia de Colombia y darles el goce de las ventajas 
que están participando sus otros hermanos. Los es- 
tandartes desplegados ahora en esta ciudad han venido 

' 64— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

de las mismas orillas del gran rio Orinoco, de donde 
también salieron los que condujo el Presidente de la Re- 
pública, General Bolívar, atravesando todo el Reino en 
medio de la victoria y de la libertad. 

La fuerza naval que manda S. E. el Almirante 
Brión no se separará de estas costas, sin que no sean 
plenamente cumplidas las^ órdenes recibidas del Supre- 
mo Gobierno. 

Nuestras instrucciones respiran tanta filantropía, 
y son tan estrictas las órdenes de nuestro Gobierno, 
con respecto a la seguridad que deben gozar vuestras 
propiedades, que podemos asegurar que serán conside- 
radas como sagradas. 



Habitantes del Río de la Hacha! 

Nosotros os hablamos con una franqueza frater- 
nal: regresad a ocupar vuestros hogares para que 
atendáis a vuestros intereses y para que gocéis de la 
tranquilidad que no podéis encontrar en los bosques ni 
entre vuestros enemigos. 

Pero si no aparecéis dentro de tres días para cuidar 
de vuestras casas, nosotros no seremos responsables de 
las propiedades que habéis dejado y en vuestro regreso 
no tendréis derecho para reclamar vuestras pérdidas. 

Estad seguros que los invasores de este territorio 
son vuestros hermanos y que si alguno de nuestros sol- 
dados cometiere el menor acto de saqueo, será castigado 
según nuestras ordenanzas. 



—65 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Habitantes del Río de la Hacha! 

Abrid vuestros brazos para, abrazarnos y encon- 
trareis en los Jefes, candor, amistad y justicia. 

Cuartel General del Río de la Hacha, a 13 de marzo 
de 1820. — 10 9 de la Independencia. 

Luis Brión. 

Mariano Montilla. 

Después de estos acontecimientos visitó a Bogotá 
el Almirante Brión, donde se le tributaron los más hon- 
rosos y merecidos homenajes. 

Y como no hemos podido seguir metódica y cro- 
nológicamente la vida de aquel hombre verdaderamente 
glorioso, así por la escasa documentación que hemos 
podido consultar, no menos que por nuestras habituales 
labores, como ya lo hemos insinuado, pedimos al bené- 
volo lector nos perdone la falta en que involuntariamen- 
te hemos incurrido. 

Por de pronto nos parecen sumamente interesantes 
las dos siguientes cartas : 

"Bonaire: 23 de julio de 1816. 

Al Excelentísimo señor Juan Bautista Arismendi. 

Margarita. 
Excelentísimo señor : 

Confiado en el celo y patriotismo del ciudadano 
Bideau, le he confiado el mando de la marina, desde esa 
Isla hasta Güiria, entregándole para que vaya a reunir- 
se con V. E. el bergantín Indio Libre, su Capitán es el 



66— 



# 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

ciudadano Puquet. Dicho bergantín es de la propie- 
dad de la Escuadrilla, y navega, por ahora, bajo mi nom- 
bre; pero es mi' voluntad y la de toda la oficialidad, po- 
nerle a la disposición de V. E. para que se sirva de él 
como si fuese buque del Estad,o y cuando la República 
tenga fondos disponibles, se abonará a la Escuadrilla su 
justo valor. 

V. E. puede de consiguiente armarlo del modo que 
juzgue conveniente, y mandar al ciudadano Bideau lo 
que considere oportuno para el mejor servicio de la Re- 
pública. 

Yo tengo que ausentarme por algún tiempo de estas 
costas a fin de rehabilitar y aumentar la Escuadrilla ; 
pero espero que en breve me veré en la actitud de poder 
de nuevo auxiliar los valientes esfuerzos de V. E. ^por 
la libertad de Venezuela. 

Excmo. señor, Dios guarde a V. E. muchos años. 

L. Brión" . 

"Bonaire: 23 de julio de 1816. 
Al Excelentísimo señor Juan Bautista Arismendi. 

Margarita. 
Mi querido General : 

Recomiendo a V. E. muy particularmente al ciuda- 
dano Antonio Rosales, quien entregará a V. E. un 
pliego que le he confiado. 

Nadie ha trabajado con más celo y desinterés que 
él : ha prestado eminentes servicios a la República y 
por las desgracias que hemos tenido, no ha podido aún 

—67 



EL ALMIRANTE B R I O N 

recibir un ochavo de cerca de quince mil pesos que se le 
deben. 

Estimaré sobremanera le auxilie V. E. con todo lo 
que pueda para rehabilitar su buque, pues es de justicia 
que se le proporcionen los medios de recuperar los in- 
mensos desembolsos que ha hecho, hasta tanto que la 
República se halle en estado de satisfacerlo. Rosales 
será con su buque de mucha utilidad a V. E. y si hubiere 
algún pliego de suma importancia que trasmitirme, 
V. E. debe confiárselo porque le he confiado mi derrote-^ 
ro y sabe a punto fijo donde hallarme. 

No sólo como Jefe de la Marina, sino como simple 
ciudadano, agradeceré a V. E. sobremanera todo cuanto 
haga a favor de mi dicho amigo Rosales. 

Salud y Libertad. 

L. Brión". 

Asimisimo, léanse los siguientes párrafos de la 
carta que desde Granada y con fecha 4 de mayo de 1818, 
le dirigiera al Libertador Don Martín Tovar Ponte : 

"Seguramente, si yo no me hubiera hallado por estas 
Islas las expediciones dichas se habrían desgraciado 
todas, volviéndose otra vez para Inglaterra, o dirigién- 
dose a otros puntos de la América, como lo han estado 
proyectando ; y la más fuerte lo iba ya a ejecutar, de 
modo que si el Almirante Brión, casualmente no la en- 
cuentra en el mar, ya estaría muy lejos de aquí, pero 
gracias a Dios, según me han informado, ya se ha unido 
al señor Almirante. Además, General, con mi resi- 
dencia en la fragata Esmeralda, yo pude ganarme la 

6S— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

amistad del Capitán de ella Rov. Weatherley, quien tuvo 
la generosidad y bondad de confiarme las cosas más 
sagradas, y hasta ahora por falta de ocasión segura, 
yo no me había atrevido a exponer al papel, pero sién- 
dolo ésta, por lo que pueda importar al acierto de Ud. 
en la dirección de los negocios e intereses de la Patria, 
i debo decirle privadamente que el señor Weatherley, 
aunque suena Capitán de la Esmeralda, es un caballero 
sumamente juicioso, rico y lleno de virtudes, que por 
segundas manos viene con órdenes del Príncipe Regente 
para imponerse e informarse del estado verdadero en 
que se encuentra Venezuela y de las cualidades de sus 
mandatarios, muy particularmente de las de Ud. y de las 
del Almirante Brión . . . 

"En una palabra, General, me dijo que si Ud. y 
Brión correspondían a las ideas que el Gobierno Britá- 
nico se prometía, entre seis u ocho meses me aseguraba 
que Venezuela estaría libre. 

Esto mismo, aunque más en globo, he escrito al 
Almirante Brión para que, como que está con el señor 
Weatherley, se aproveche de la noticia y conduzca sus 
negocios de modo que sean lo más útiles a la Patria y a 
la Independencia". 

También copiamos, para que no sean olvidadas, 
algunas de las cosas que por cartas dijera a sus allega- 
dos el Almirante Brión, en el seno de la intimidad. 

En setiembre de 1817, le decía desde Angostura 
a sus afines de Curazao, lo siguiente : 

"Después de una campaña de cuatro meses, su- 
friendo mil penalidades, nos hemos apoderado al fin de 
toda la Guayana. 

—69 



EL ALMIRANTE B R I O N 

"Le hemos quitado al enemigo catorce naves, 
ochenta y tres piezas de artillería y mil trescientos 
treinta fusiles, ciento sesenta mil pesos en plata y tres- 
cientas mil monedas de cobre. La mayor parte del di- 
nero lo encontramos a bordo de las embarcaciones en 
que pensaban huir los españoles. Además, perdió el 
enemigo dos mil y pico de hombres entre muertos y he- 
ridos, e hicimos prisioneros a todos los monjes, cuyo 
Obispo murió en la contienda. 

"En cuanto al General Jefe del Ejército enemigo, 
se halla gravemente herido de una bala, que yo mismo 
le he dirigido. De mi parte he perdido sesenta y tres 
compañeros, treinta y dos muertos, treinta y uno heri- 
dos. Actualmente me hallo tan recargado de atencio- 
nes; que no tengo descanso ni aún de noche". 

En otra carta escrita a aquellos desde Margarita, 
en febrero de 1819, decía: "Nuestra escuadra corrió 
con muy buena suerte en su última excursión. Hemos 
hecho una multitud de ricas presas, pero no puedo en- 
viaros ni un ochavo, porque la mantención de las fuer- 
zas navales y de las tropas extranjeras me cuestan dia- - 
riamente mil pesos". 

Y desde Maracaibo, en mayo de 1821 : "Aquí estoy 
privado hasta de vivir en sociedad. No pienso perma- 
necer en este puerto mucho tiempo más. Me siento 
aniquilado de guerrear y quisiera concluir mis días la- 
brando la tierra, esto es, cambiando la espada por el 
azadón. Según todas las probabilidades, esta campaña 
se decidirá con nuestro definitivo triunfo dentro de un 
par de meses. Tened, pues, paciencia, queridos her- 
manos, que pronto estaré con vosotros". 

70— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

De aquí pasó el Almirante a Ocumare de la Costa, 
donde fué víctima del paludismo que puso fin a su pre- 
ciosa existencia, en Curazao, el día 27 de setiembre de 
1821, a las nueve de la noche, según la información que 
tenemos a la vista, tomada de La Gaceta de Curasao, 
No. 39, de aquel año. 

¡ Ironías del destino ! Sin saber su muerte, el Con- 
greso de Cúcuta, haciendo obra de justicia, dictó el si- 
guiente Decreto sobre el intrépido Almirante Brión : 

"EL CONGRESO GENERAL DE COLOMBIA, 
Considerando : 

Que por el nuevo arreglo que se ha dado a la marina 
nacional, queda suprimida la Comandancia en Jefe de 
todas las fuerzas. navales de la República, que estaba en- 
comendada al celo, actividad y patriotismo del Almiran- 
te Luis Brión, ha resuelto lo siguiente : 

I. — Se encarga *1 Poder Ejecutivo para que pre- 
sente a nombre del Congreso General, al Almirante Luis 
Brión, las más expresivas gracias por los importantes 
servicios que ha prestado a Colombia con su fortuna y 
patriotismo en las épocas más calamitosas y apuradas 
de nuestra gloriosa revolución. 

II. — Mientras el Almirante Brión no sea propuesto 
para un destino equivalente en el Ejército, se le conser- 
varán todos los honores que le coresponden como Capi- 
tán General de la Marina. 

III. — El Congreso General encarga por último, al 
Poder Ejecutivo, presente al Almirante Brión una es- 
pada de honor en testimonio de la gratitud nacional. 

—71 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Comuniqúese al Poder Ejecutivo para su cumpli- 
miento. Dado en el Palacio del Congreso General de 
Colombia, en la Villa del Rosario de Cúcuta, a 12 de 
octubre de 1821. — 11* de la Independencia. 
El Presidente del Congreso, 

José Ignacio Márquez. 

El Diputado Secretario, 

Antonio José Caro, 

Palacio de Gobierno en el Rosario de Cúcuta, a 13 de 
1 octubre de 1821. 

Francisco de Paula Santander. 

Por orden de S. E. el Vice-Presidente de la Repú- 
blica, el Secretario de Guerra y Marina, 

Pedro Briceño Méndez" . 

Para los días de la muerte del Almirante Brión, 
que fué motivo de duelo para la Gran Colombia, Don 
Miguel Insignares publicó en la ciudad de Maracaibo 
una sentida necrología, lamentando la muerte de aquel 
patriota inmaculado, quien dejara su nombre como ejem- 
plo de las más nobles virtudes republicanas. Y entre 
otras cosas decía: 

"He aquí el nombre de uno de esos gloriosos extran- 
jeros que más eficazmente contribuyeron a realizar la 
obra de nuestra emancipación nacional. 

"Era Luis Brión rico mercader y armador de Cu- 
razao, entusiasta por la libertad y a quien Cartagena por 
los grandes servicios que le prestara en circunstancias 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

difíciles y de verdadera prueba, había dado el título de 
"Hijo querido de Cartagena". 

"Fué tanto el influjo que sobre su ánimo consiguió 
el Libertador, que desde aquel entonces Brión vio en 
Bolívar al único hombre capaz de hacer triunfar la 
Causa de Colombia. 

"Brión con su escuadra y con sus cuantiosos re- 
cursos, contribuyó eficazmente a la ocupación de An- 
gostura, Cuna de la Gran Colombia". 

Y aquel hombre que fué desprendido, valeroso, 
magnánimo y leal, no ha sido debidamente juzgado por 
los hombres que han escrito sobre aquellos acontecimien- 
tos de los días más trágicos de la causa. 

Ni siquiera han dicho que cuando llegara el Liber- 
tador a la Isla de Margarita, en su primera expedición, 
fué herido aquel denodado marino, quien hiciera dos 
presas al abordaje en aquellas aguas. Asimismo, tam- 
poco han dicho que a la proclama del Libertador en don- 
de declaró la cesación de la guerra a muerte, si los es- 
pañoles dejaban de hacerla, ofreciendo a los venezolanos 
seguridad completa, "porque vosotros sois siempre ino- 
centes para vuestros hermanos", contestó en seguida el 
Capitán General Salvador Moxó, con el siguiente bando : 
"A fin de poner término a las maquinaciones que por 
todas partes intentan turbar la tranquilidad de las pro- 
vincias de Venezuela, los rebeldes Simón Bolívar, José 
Francisco Bermúdez, Santiago Marino, Manuel Piar, 
Luis Brión, después de haber agotado los recursos que 
ofrece la compasión y benignidad para traer al verda- 
dero reconocimiento de sus errores a todas las personas 
que siguen las detestables máximas de rebelión de que 

—73 



EL ALMIRANTE B R I O N 

están empapados aquellos sanguinarios, que abandona- 
dos a la desesperación intentan por todos los medios 
acaudillar gentes para sostenerse en su iniquidad, he 
tenido a bien decretar que, cualquiera persona que apre- 
henda viva o muerta la de aquellos traidores y otros de 
su especie, como Juan Bautista Arismendi, en Marga- 
rita, será remunerada con la cantidad de diez mil pesos 
en que se tasa la cabeza de cada uno de ellos, cuya can- 
tidad se abonará por la Real Hacienda. Y para que 
llegue a noticia de todos, imprímase y circúlese. — Sal- 
vador Moxó" . 

En fin, se olvidan muchos hechos heroicos del emi- 
nente Almirante Brión, pero la posteridad le hará jus- 
ticia. Bendigamos la memoria de tan digno hijo de la 
democracia americana". 

Asimismo las Iglesias de Caracas y Bogotá dispu- 
sieron los más imponentes servicios fúnebres a la muer- 
te del meritísimo Almirante de las dos Naciones y la 
prensa de ambas le consagró las más justas y sentidas 
frases, como igualmente la intelectualidad herida por 
aquella pérdida verdaderamente irreparable. 

La Gaceta Oficial de Cúcuta, al anunciar su muer- 
te, hizo su elogio del modo siguiente : 

"Brión ha ofrendado al Presidente Libertador toda 
su fortuna, la cual gastó al servicio de su patria adop- 
tiva, por la que estaba dispuesto siempre a sacrificar tam- 
bién su existencia. Lo ha probado así en su expedición 
a Margarita, en el bloqueo de Guayana, en los comba- 
tes navales durante la desgraciada campaña de 1818, 
en sus hazañas en el Río Magdalena y en otras mil cir- 
cunstancias. 

74— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

El Libertador, cuya confianza y amistad conser- 
vó hasta su muerte, lo había elevado al rango de Capitán 
General, y condecorado con la Orden de los Liberta- 
dores. 

Ha muerto Brión para Colombia, pero la Patria 
agradecida jamás olvidará los inmensos servicios que 
le ha rendido en los tiempos aciagos en que luchaba por 
su Independencia. 

Los colombianos recordarán eternamente con gra- 
titud y admiración a este varón preclaro. Los servi- 
cios que Brión prestó a Colombia resaltan más y más 
cuando se le compara con otros extranjeros que han ser- 
vido a la causa de la Independencia, quienes en su mayor 
parte eran buscadores de fortuna. 

Brown, el Jefe Supremo de la escuadra - de Buenos 
Aires, fué a vender a Norte América los buques de 
guerra que tenía bajo su mando. 

La fragata colombiana Orinoco fué vendida por 
sus tripulantes en Puerto Rico, después de la muerte del 
Almirante Brión e iguales traiciones y bribonadas co- 
metieron en el Pacífico los que mandaban las fragatas 
peruanas. 

La conducta de Brión fué siempre tal, que sus pro- 
pios enemigos jamás tuvieron cosa alguna que echarle 
en cara. En los manifiestos y proclamas españoles en 
que se trataba de bárbaros, piratas e incendiarios a los 
Jefes de los patriotas, sólo le tocó a Brión el apelativo de 
"el holandés Brión". Así es que lo único que sus ene- 
migos se atrevían a decir de él, era que, como extran- 
jero, no debía mezclarse en los asuntos domésticos de 
otros Estados. 



-75 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Brión hablaba y escribía correctamente el holan- 
dés, el castellano, el inglés y el francés; y este conoci- 
miento de idiomas le sirvió de grande utilidad, cuando 
era Jefe de la Armada Colombiana". 

Y si Venezuela y Colombia lloraron conjuntamen- 
te, pudiera decirse, la prematura muerte de su incompa- 
ble Almirante, el Libertador, más conmovido aún, por 
todos los nexos que le ligaran a aquél y por cuanto que 
mejor que ninguna otra persona podía darse perfecta 
cuenta de la catástrofe ocurrida, con fecha 12 de diciem- 
bre de 1821 y desde Bogotá, le decía al señor Guillermo 
Parker, quien le escribiera desde Curazao, dándole la 
infausta noticia de la muerte del nunca bien sentido 
Almirante Brión, lo siguiente: 

"Muy señor mío: 

"He recibido con un dolor extremo, la honrosa ma- 
nifestación que usted se ha servido dirigirme con el señor 
Santana, participándome la muerte de S. E. el Almi- 
rante Brión, que me ha llenado de la más profunda aflic- 
ción. El primer compañero en la empresa generosa 
de libertar a Colombia, no existe ! ; pero Colombia le 
debe la mitad de su vida, y sería ingrata a un hombre 
singular, que más amante de la humanidad y de sus nue- 
vos ciudadanos que de su propia fortuna, la aventuró 
toda por satisfacer sus nobles sentimientos y saciar su 
sed de gloria: el Almirante Brión llevará en todos los 
corazones de Colombia un altar consagrado a la gra- 
titud. 

"Yo, el primero, enviaré, si puedo, a la posteridad 
más remota monumentos eternos del bien que hizo a mi 
Patria y de la elevación de su carácter magnánimo. 

76- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

"Junto con el Almirante Brión, vivirá siempre la 
memoria sublime de su liberalidad y nuestra obligación 
sagrada de cumplir sus últimas voluntades. 

"La familia de nuestro benefactor será preferida 
a todo compromiso, porque ninguno es más digno de 
preferencia. El Poder Ejecutivo queda encargado de 
arreglar la deuda del Almirante y a mi vuelta de Quito 
ofrezco adelantar la liquidación posible para la cance- 
lación de esta,deuda. 

"Dígnese usted presentar a los hijos de mi difunto 
amigo el Almirante, las expresiones más sinceras de 
mi sentimiento por tan profunda e irreparable pérdida 
y el testimonio más puro de mi respeto hacia sus per- 
sonas. 

"Tengo el honor de ofrecer a usted los homenajes 
de consideración conque soy de Ud. atento servidor 
q. b. s. m., 

SIMÓN BOLÍVAR". 

Ya un año antes el Libertador había consagrado 
al Almirante Brión como el Salvador de la Causa Co- 
lombiana y así se publicó en un periódico ocasional de 
la época, titulado : Albores de Libertad, lo siguiente : 

"La expedición que vino de Margarita a Río Ha- 
cha y subsecuentemente a Sabanilla, fué dirigida por el 
Almirante Brión en la parte naval. El Gobierno, pe- 
netrado en varias ocasiones de los importantes servicios 
de su Almirante, ha reconocido que había salvado la 
Patria tres veces; y el Excelentísimo señor Libertador 
Presidente, cuando estuvo en Barranquilla el año pa- 
sado (1820), declaró que por cuarta vez le había dado 

—77 



EL ALMIRANTE B R I O N 

¿a existencia" . Dicho periódico añade: "El Almiran- 
te Brión nació de una familia respetable y rica de la 
Isla de Curazao, el día 6 de julio de 1782, muriendo en 
la misma antilla holandesa el día 27 de setiembre de 
1821, a los treinta y nueve años de edad, habiendo sido 
enterrado con los más altos honores de su culto y de la 
manera más solemne por parte de sus paisanos y de la 
colonia venezolana, en su heredad denominada "Rosen- 
tak", como acostumbran hacerlo hoy algunas familias 
extranjeras acomodadas, para poder ofrendar mar- 
garitas a sus deudos o dedicarle otros recuerdos pia- 
dosos en el momento en que lo desean, sin estar pendien- 
tes de la apertura de los cementerios de la pluralidad. 

El Almirante Brión espiró todavía joven, cargado 
de merecimientos y cuando Colombia, agradecida, le 
reservaba el más lisonjero porvenir, muy digno por cier- 
to de sus eximias y excepcionales virtudes". 

Venezuela, empero, que nunca perdió de vista a su 
segundo Libertador, viendo con profunda tristeza que 
los pocos historiadores de la épica cruzada apenas se 
ocuparan de los servicios del Almirante Brión, con gesto 
patriótico reparó aquella incalificable injusticia dispo- 
niendo la traslación de los restos de aquel admirable y 
admirado apóstol de la democracia americana, del suelo 
donde naciera, al suelo donde debían descansar por 
siempre; y en el templo mismo donde yacen las cenizas 
del Libertador, allí se encuentran hoy las suyas, como 
las de muchos de aquellos sin igual guerreros, quienes 
fueran sus amigos y compañeros de armas. 

He aquí las Resoluciones gubernativas que a aquel 
i acto reparador se refieren : 

78— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

"Estados Unidos de Venezuela. — Ministerio de Relacio- 
nes Interiores. — Dirección Política. — Caracas: 27 
de agosto de 1881.— 18 9 y 23 ? 



Resuelto : 

De conformidad con el artículo I del Decreto Eje- 
cutivo fecha 11 de febrero de 1876, el Ilustre America- 
no, Presidente de la República, ha tenido a bien dispo- 
ner, que sean colocados en el Panteón Nacional los res- 
tos del Ilustre Procer Almirante Luis Brión. 

Al efecto, el Presidente ha ordenado que el Cónsul 
de la República, en la Isla de Curazao, donde se hallan 
* dichos restos, previas las diligencias del caso, proceda 
a exhumarlos y conducirlos al puerto de La Guaira, 
donde quedarán depositados hasta que se fije el día en 
que hayan de trasladarse a esta Capital y el de su colo- 
cación en el Panteón Nacional. 

Para conducir los restos de Curazao a esta Capi- 
tal, el Ilustre Americano ha designado una comisión 
compuesta de los ciudadanos W. E. Boyé y Tomás y 
Guillermo Golding. 

Comuniqúese y publíquese. 

Por el Ejecutivo Nacional, 

M. Carabaño. 

La gratitud nacional, de acuerdo con la letra mis- 
ma de la Resolución que antecede, glorificando la me- 
moria del Almirante Brión, reparaba así en parte una 
injusticia que ya nos comprometía ante el concepto de 
la Historia. 

Y de conformidad con aquella disposición oficial, 
nuestra Cancillería se apresuró a dirigir al Agente Co- 

—79 



/ 



EL ALMIRANTE B R I O N 

mercial de la República en Curazao, la siguiente impor- 
tante comunicación: 

"Estados Unidos de Venezuela. — Ministerio de Relacio- 
nes Exteriores. — Caracas: 29 de agosto de 1881. 
Señor W . E. Boye, Agente Comercial de Venezuela en 

Curasao. 

El Almirante Luis Brión, voluntario de la libertad, 
abandonando su hogar, los placeres de una vida tranquila 
y sus cuantiosos caudales, lo sacrificó todo con alta gene- 
rosidad a la causa de la Independencia colombiana, sir- 
viéndole en la mar, muchas veces con sus propias naves, 
de un modo que fueron eficaces su constancia y su in- 
teligencia en aquella contienda emancipadora, solo por 
ver triunfantes las ideas republicanas. 

Conocedor de aquellos merecimientos y ansioso de 
interpretar los deseos de los países beneficiados, después 
de haber erigido un Panteón a los adalides de la Inde- 
pendencia, el Ilustre Americano, Presidente de la Re- 
pública, ordenó se trasladasen a aquél las cenizas del 
benemérito marino, a quien el Congreso de Colombia, 
ignorante de su muerte, rindió en 1821 excelso testimo- 
nio de justicia. 

Para llevar a cabo la traslación de los restos desde 
esa Isla, donde falleció el Almirante, hasta Caracas, 
el Primer Magistrado diputó a Ud. y a los deudos del 
difunto Almirante Brión, señores Tomás y Guillermo 
Golding. 

Lo que elevo a su conocimiento para que se sirva 
cumplir con la expresada disposición gubernativa. 

Presenta a usted las seguridades de su conside- 
ración. 

Rafael Seijas". 

80- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Tan pronto como recibiera esta nota el idóneo Agen- 
te Comercial, señor Boyé, comenzó a dar los pasos con- 
ducentes a la exhumación de aquellas venerandas reli- 
quias que Venezuela reclamaba para honrarlas en su 
suelo por siempre. 

Y sin esperar la llegada de los demás miembros de 
la comisión, y creyendo acaso que hubiera oposición para 
llevar a cabo el pensamiento de nuestro Gobierno y de 
nuestro pueblo, determinó proceder sin pérdida de tiem- 
po a la extracción de los restos del Almirante Brión, de 
la abandonada tumba donde yacieran solo acompañados 
por el más culpable olvido. 

Y esto que decimos lo comprueba el acta que se leerá 
luego y que copiamos textualmente, porque documentos 
como éste son la expresión misma de la verdad histórica 
que el tiempo está llamado a respetar. 

El acta de la exhumación de los restos dice así : 

TRADUCCIÓN 

Hoy día 17 de setiembre del año de mil ochocientos 
ochenta y uno, ante mí, Jan Hendrik Schotcorgh, No- 
tario residente en Curazao, y en presencia de los dos 
testigos que más adelante se nombrarán, comparecie- 
ron: el señor Wilhelm Ernest Boyé, Agente Comercial 
de Venezuela, residente en esta Isla; el señor Johanne 
Angustin, conocido con el nombre de Agustín, sin pro- 
fesión, residente en esta Isla ; el señor Johan de Vos, 
oficial de Policía de esta Isla, residente aquí y el señor 
Eduard Aband, Agente de Policía de segunda clase, 
residente aquí y perteneciente al Cuerpo de Policía de 
esta Isla, cuyos comparecientes todos me son conocidos 

—81 



EL ALMIRANTE B R I O N 

y declararon: el primer compareciente Wilhelm Ernest 
Boyé, que el Gobierno de Venezuela le ha comisionado 
para exhumar los restos mortales del Almirante Luis 
Brión enterrados en esta Isla y conducirlos a Venezue- 
la ; que él, en virtud de dicho cometido, y previo consen- 
timiento de los que se titulan parientes del finado, se ha 
encaminado esta mañana, como a las siete, hacia el 
terreno Rozentak, situado en el tercer distrito de esta 
Isla, en cuyo punto y en presencia del señor Van Lans- 
berg, Comandante de las tropas y de la Guarnición de 
esta Isla, del señor Granvenhorst, Comisario del tercer 
distrito, del señor Wilhem Frederich, Gottlob Hellmund 
y de dos empleados de policía, de Vos y Aband, puestos 
a su disposición por el señor Procurador General acci- 
dental, se ha hecho señalar la sepultura del finado por 
Johanes Agustin, quien según informes, nació en esta 
Isla en el año de mil ochocientos diez y presenció dicho 
entierro; que el compareciente ha hecho abrir la sepul- 
tura indicada y en ella se hallaron algunos pedazos de 
tabla de caoba, semejantes a partes de un ataúd, seis 
asas de cobre y un esqueleto humano; siendo de adver- 
tir que sobre uno que otro de dichos pedazos de tabla, 
estaban formados con clavos de cobre, letras tales como 
L. B. Y. S. O. que, en seguidas, mandó colocar el es- 
queleto y los demás objetos encontrados en una caja de 
caoba, la cual ha hecho conducir a la ciudad y conservar 
en su poder. 

El segundo compareciente, Johannes Angustin, co- 
nocido con el nombre de Agustín: que nació en el año 
de 1810 en la hacienda "Blein", situada en el tercer dis- 
trito de esta Isla ; que, siendo aún niño, asistió al en- 
tierro del señor Luis Brión, en un terreno denominado 

82— 



7. Ai. S E 1 J A S GARCÍA 

"Rozentak" y situado en las inmediaciones de "Blein" ; 
que siempre ha vivido en' el tercer distrito de la Isla, 
primero en la hacienda "Blein", después en un terreno 
denominado "Heintjie Kool", en donde vive aún; que por 
consiguiente recuerda y conoce muy bien la sepultura 
del señor Luis Brión; -que esta mañana como a las 
siete ha indicado al señor Boyé, a ruego de éste, la ci- 
tada sepultura ; que acto continuo, eji su presencia y 
la de otras personas fué abierta dicha sepultura, encon- 
trándose en ella algunos clavos de cobre, algunas asas, 
algunos pedazos de madera podrida, una calavera y una 
multitud de huesos humanos, cuyos objetos todos, de 
orden del señor Boyé, fueron extraídos y puestos en 
una caja. 

El tercero y el cuarto comparecientes, Johan de 
Vos y Eduard Abad, que esta mañana, como a las siete, 
a consecuencia de instrucciones recibidas al efecto del 
señor Procurador General accidental, se han encami- 
nado con el señor Boyé, hacia el terreno denominado 
"Rozentak", sito en el tercer distrito de esta Isla, con el 
fin de presenciar la apertura del sepulcro del finado 
señor Luis Brión ; que llegados al lugar, la persona de 
Johannes Agustin señaló dicho sepulcro, informando 
que él cuando era niño se halló presente en el entierro ; 
que en seguidas, de orden del señor Boyé y en presencia 
del Capitán Comandante Van Lansberge, el Comisario 
del Distrito Gravenhorst y el señor Willen Hellmund, 
dicho sepulcro fué abierto y se encontraron en él : un 
esqueleto humano y restos de un ataúd, tales como : asas 
de cobre, clavos de cobre, y, diseminadas y formadas 
con tachuelas de cobre, sobre tablitas de madera, las le- 
tras B. S. Y. L. y la mitad de una O. cuyos objetos todos, 

—83 



EL ALMIRANTE B R I O N 

por disposición del señor Boyé, fueron puestos en una 
caya de caoba y conducidos hacia la ciudad. Las de- 
claraciones del compareciente Johannes Agustin, fueron 
rendidas en el idioma criollo e interpretadas y expli- 
cadas a mí, Notario, en el holandés, por el señor Gustoof 
Wilhelm Ferdinand Hellmund, intérprete jurado de 
la lengua criolla. 

De todo lo cual queda levantada esta acta notarial 
en Curazao, en mi oficina y en presencia de los señores 
Johan Marin Instatius, Van Eps, e Isaac Debrot, ambos 
empleados coloniales, residentes aquí, como testigos, 
siendo uno y otro personas que me son conocidas. 

Leída esta acta y traducida y explicada al compa- 
reciente Johannes Agustin, en el idioma criollo, por el 
mencionado señor Gustoof Wilhelm Ferdinand Hell- 
mund, declaró aquél no saber leer ni escribir, por cuyo 
motivo firmamos el acta los demás comparecientes, el ya 
nombrado traductor jurado, los expresados testigos y yo 
Notario. 

(Firmados) W, E. Boyé.—J. de Vos. — E. Abad 
Hellmund. — /. M. Instatius. — Van Eps. — /. Debrot. — 
/. H. Schotborgh. — Es copia exacta. — (Firmado). /. H. 
Schotborgh. 

Visto por la legalización de la firma del señor J. H. 
Schotborgh, Notario en esta. 

Willemstad, setiembre 26 de 1881. 

El Gobernador de Curazao (firmado), 

J. A. W. von Heerdt. 

El Secretario interino de la Gobernación (firmado), 

Hellmund. 



84- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Es traducción fiel. — El Traductor jurado, 

Hellmund. 

Gezien voor legalisasie der hand sekening van den 
Heer Hellmund beedigd Traslatein altur Willemstad, 
27 september 1881. 

De Gouverneur van Curazao, 

JUTW VAN HEERDT. 

De waansemende Gouvernements Secretarins. — 
Instatius, Van Eps. — Leges 12. — Gerd et 881 fo 30 sen. 
Adn. y fircencia. — Curazao, 27 Sept. 1881. 

/. Perguzon" . 

Inmediatamente después el señor Boyé, quien por 
sus vinculaciones políticas, sociales y comerciales en 
aquella antilla, no menos que por su edad, tenía el carác- 
ter de Presidente de la Comisión Venezolana, no perdió 
tiempo al formular el programa para la apoteosis del 
Ilustre Almirante Brión, que hizo circular profusamente. 

Las invitaciones para aquel acto postumo del pa- 
triotismo agradecido se distribuyeron entre todas aque- 
llas personas de más significación de Curazao, quienes 
se asociaron al señor Boyé, con el fin de que éste alcan- 
zara el más feliz éxito en la honrosa comisión que 
nuestro Gobierno encomendara a sus virtudes públicas 
y privadas. 

Decía así el programa: 'Tara el acto de conducir 
hasta el muelle de Otrabanda, los restos del Almirante 
Brión, que se encuentran en la casa No. 92 de la calle 
ancha". 

-^85 



EL ALMIRANTE B R I O N 

V — La urna precedida por las bandas de música 
de la Milicia y de la fuerza veterana y llevada por dos 
sargentos de la Milicia y dos de la Marina Neerlandesa. 

2 ? — El Excelentísimo señor Gobernador, sus Ayu- 
dantes y los Comisionados del Gobierno de Venezuela 

3 9 — Los deudos del finado. 

4* — El Consejo de Administración y el .Consejo Co- 
lonial. 

5' — Los Miembros del Poder Judicial. 

6 ? — Los Cónsules. 

7 9 — Los Oficiales de la Milicia. 

8 9 — Los Oficiales de la Marina Neerlandesa. 

9 9 — Los Oficiales de la Fuerza Veterana. ,-- 

10. — La Junta Directiva de la Comunidad Protes- 
tante. 

11. — La Junta Directiva de la Comunidad Cató- 
lica. 

12. — La Junta Directiva de la Neerlandez-Portu- 
gués Israelita. 

13. — La Junta Directiva de la Neerlandez Refor- 
mada Israelita. 

14. — Los funcionarios Superiores del Gobierno. 

15. — La Junta para la Instrucción. 

16. — La Junta de Sanidad. 

17. — La Comisión de Administración de las Prisio- 
nes. 

18. — Las Direcciones de los Bancos. 

19. — Los Empleados del Gobierno. 

20. — Los Representantes de la Prensa. 

21. — Los Directores de Planteles de instrucción y 
las Escuelas Públicas. 

86- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

22. — Los Oficiales y Miembros de las Logias. 

23. — Los particulares. 

24. — La milicia, la marina y la fuerza veterana. 

Los señores, venezolanos se servirán colocarse en 
fila a los lados de los porta-cordones. 

Al llegar al muelle habrá dos discursos de orden, 
uno por el Reverendo Ministro Protestante Hamelberg 
y el otro por el Comisionado Guillermo Golding. 

Después serán conducidos los restos a bordo del 
vapor Felicia, en los botes del vapor de guerra holandés 
Bonaire. 

Habrá tres maestros de ceremonia para dirigir el 
presente programa. 

Así, pues, interpretando el contenido de dicho pro- 
grama, el día 28 de setiembre tuvo lugar la traslación de 
la urna cineraria de la casa donde se le rindieran los más 
solemnes homenajes postumos, al vapor destinado para 
conducirla al suelo de la patria, que fuera el propio sue- 
lo del glorioso Almirante Brión, según la voluntad de 
éste. 

Y decir que el programa fué cumplido en todas 
sus partes, no es decir nada. Curazao en masa hizo acto 
de presencia en aquella insólita manifestación de duelo 
público y al mismo tiempo de evocaciones históricas que 
impresionaron el espíritu de unos y de otros, tanto por 
lo imponente del acto como porque las bandas marciales 
así como ejecutaban conmovedoras marchas fúnebres, 
asimismo entonaban los himnos de Venezuela y de Ho- 
landa que hacían pensar en la existencia de ' la naciona- 
lidad. 

Y si el incontaminado Almirante Brión vivió para 
hacerle bien a los demás, no siendo comprendido por mu- 

—87 



EL ALMIRANTE B R I O N 

chos hombres de su tiempo, sus cenizas tuvieron ricas 
ofrendas florales en los últimos días que reposaran en 
su querida tierra, no menos que las oraciones de todas 
las almas buenas de su pueblo y de la colonia venezolana. 

No es posible expresar lo que el noble pueblo de 
Curazao sintiera entonces al desprenderse de las precio- 
sas cenizas de su hijo eximio, de aquel apóstol de la 
libertad y del derecho, quien después de haberle ofrecido 
a la causa que sustentara, su vida y sus riquezas, sólo 
sintiera no tener otra vida y otras riquezas que poner a 
su servicio. 

Y si Curazao debe ufanarse por haberle dado a la 
democracia americana un luchador egregio de la talla del 
Almirante Brión, asimismo deben ufanarse los Países 
Bajos, como ya lo hemos dicho, no sólo porque los hechos 
guerreros de aquél ilustran y honran su historia, sino 
porque fué un auténtico civilizador. 

Este paréntesis era necesario para seguir, aunque 
a grandes rasgos, la relación de aquellos tristes, pero a 
un tiempo mismo, gloriosos sucesos. 

Al llegar al muelle el cortejo fúnebre, con tan ve- 
nerandas reliquias, el Castillo del puerto comenzó a 
hacer las salvas dispuestas por el Gobierno Colonial, 
para despedir así los despojos de aquel hombre supe- 
rior a todas las humanas miserias, quien contribuyera 
con sus tesoros y con la fuerza de su brazo a la libertad 
de la Gran Colombia, sin que un momento flaqueara 
su fe en el triunfo de aquella santa causa en que militara 
tan sólo por sus ideas democráticas. 

Ante una apiñada multitud que guardaba el más 
religioso silencio y en aquellos solemnes momentos en 
que la gratitud nacional exteriorizaba sus sentimientos 

88— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

de justicia y de dolor, hicieron el panegírico del Almi- 
rante Brión el Comisionado señor Guillermo Golding y 
el Reverendo Pastor de la Comunidad Protestante, ho- 
norable señor H. F. Hamelberg, pero como no nos ha 
sido posible obtener el discurso del primero, damos en 
seguida el muy elocuente del segundo. 
El Pastor dijo, conmovido: 

"Señores : 

Nos hemos reunido aquí con el objeto de dirigir un 
adiós supremo a los restos mortales de nuestro gran 
compatriota y conciudadano Luis Brión, cuyo valor, he- 
roica abnegación y sacrificio de sí mismo, han sabido 
vencer los fatales poderes del olvido. 

Nació en esta misma ciudad el día 6 de julio de 1782 
y habiendo sido destinado a la carrera del comercio, se 
le envió a Holanda para iniciarlo en los secretos de la 
vida mercantil. 

La Holanda luchaba entonces en las perturbaciones 
de una guerra desastrosa y al invocar la abnegación de 
sus hijos, Luis Brión fué uno de los primeros en res- 
ponder a la voz de la Patria, tomando una parte activa 
en los conflictos militares que se sucedieron. En uno 
de esos encuentros cayó prisionero en manos de los in- 
gleses, quienes después de haberlo transportado a In- 
glaterra, pronto le devolvieron la libertad. Aprove- 
chóse de ésta Brión para volver a Holanda, de donde 
poco después se embarcó para Curazao. 

Nadie ignora que en aquella época la Colonia de 
Curazao estaba pasando por rudas pruebas y que graves 
acontecimientos estaban en expectativa. En todas las 

—89 



EL ALMIARANTE B R I O N 

situaciones críticas que se presentaron, supo Brión dis- 
tinguirse por su heroísmo y por las pruebas palpables de 
su genio, ya protegiendo los intereses de los comer- 
ciantes, ya poniéndose a la cabeza de la guardia civil, 
que sabía conducir con un entusiasmo al cual todo cedía. 
El gran móvil que le conducía a la senda de la vida 
militar, era la sed ardiente de la libertad : tan profundo 
era en él este sentimiento, que al saber la terrible situa- 
ción en que se encontraba entonces el país de Venezue- 
la, oprimida, doblegada bajo el yugo de una tiranía in- 
noble, no vaciló un punto en dejar las patrias riberas 
que le habían visto nacer para prestar su ayuda a aquel 
pueblo en la reconquista de §u libertad. En este pro- 
pósito no retrocedió ante ningún sacrificio por oneroso 
que fuera. A este objeto consagró su fortuna, su ta- 
lento, su genio y si hubiera sido necesario, habría derra- 
mado su sangre en beneficio de esa libertad : él ha dejado 
por doquiera las huellas de su valor e intrepidez. 

Cartagena le vio combatir bajo sus muros; los 
campos de Colombia fueron teatro fecundo de sus insig- 
nes hazañas, las insondables profundidades del Orinoco 
y las márgenes del Magdalena vieron desplegar su genio 
estratégico. 

Así, gracias a tan noble desinterés, gracias al im- 
pulso poderoso de su valor, él vio realizarse el grandioso 
proyecto a cuyo feliz término había prestado tan esfor- 
zadamente su apoyo; vio aparecer en el horizonte la 
aurora de la libertad iluminando con sus mágicos efec- 
tos a un pueblo que hasta entonces había doblado la 
cerviz al yugo de la tiranía. 

He aquí por qué nos vemos obligados a reconocer 
que el pueblo de Venezuela está autorizado, para recla- 

90— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

mar los restos de una existencia gloriosa, que con su 
propia mano puso la piedra fundamental, sobre la cual 
descansa el grandioso edificio de la libertad. 

He aquí por qué aplaudimos con fervor la 7 noble 
inspiración del Excelentísimo señor Presidente de la 
República de Venezuela, General Guzmán Blanco, el 
Ilustre Americano, de arrebatar esos gloriosos despojos 
al oscuro rincón donde estaban hacía sesenta años, 
dentro del polvo, para trasportarlos al Panteón Nacio- 
nal, que domina majestuosamente las colinas de Cara- 
cas, y donde Brión ocupará un lugar entre los Héroes, 
cuyo noble esfuerzo y relevantes virtudes trajeran la 
era de la Libertad al pueblo de Venezuela. 

Rasgo es sin duda y noble el de un hombre grande 
que hace justicia a los sentimientos generosos y a las 
intrépidas hazañas de un héroe, sin alimentar el menor 
recelo de que este acto de justicia pueda herir sus pro- 
pios intereses. Es un impulso de lealtad elevada excitar 
a su pueblo a mostrarse reconocido para con los que han 
merecido bien de la Patria ; es una prueba de grandeza 
de alma el enseñar que no debemos olvidar a los autores 
de nuestra dicha. 

Hacemos esta justicia al General Guzmán Blanco, 
que por este acto de lealtad se muestra digno de su títu- 
lo glorioso de Ilustre Americano. 

Damos todo su precio a la obra de justicia que acaba 
de realizar entre nosotros y esperamos sinceramente que 
sus conciudadanos comprendan y compartan sus ele- 
vados sentimientos, para que al ver entrar en su capital 
los restos del Almirante Brión, el héroe del Magdalena 
y del Orinoco, se cuiden en la conservación de esa inde- 
pendencia que él les ayudó a conquistar. Es esa li- 

—91 



EL ALMIRANTE B R I O N 

bertad la que en el terreno que ella fecunda, hace desarro- 
llar los gérmenes de la paz y de la verdadera dicha. 
He aquí, por qué cultivándose en Venezuela, ella espar- 
ce los frutos abundantes de la prosperidad y del bienes- 
tar universal en los valles pintorescos, así como en las 
altas montañas de ese país encantador ; porque, señores, 
la libertad es la columna principal sobre que se levanta 
el santuario consagrado al sostenimiento del orden y 
de la paz, al desarrollo y emancipación del espíritu y 
al amor a la patria. 

Pero toca otra vez más a nosotros, señores, recor- 
dar la gloriosa carrera del gran Campeón de la Inde- 
pendencia y al reunimos para dirigir a Brión un adiós, 
supremo, estamos convencidos de que el recuerdo de sus 
altas virtudes no se borrará de nuestros corazones, pues 
aunque el pueblo de Curazao, se desprende libremente, 
en favor de Venezuela, de esos restos de una existencia 
brillante, para proporcionarles un lecho de reposo más 
digno y honorífico, sin embargo, a nosotros también per- 
tenece el noble Brión. 

Nosotros os confiamos^, esos restos, señores Dele- 
gados del Gobierno de Venezuela, convencidos de que 
bajo vuestra salvaguardia las puertas del Panteón Na- 
cional de Caracas, se abrirán pronto para recibir esa 
preciosa reliquia. 

Que en estas comarcas así como en las vuestras, 
la causa de la Independencia encuentre partidarios re- 
sueltos y que la prosperidad y la paz colmen vuestros 
hogares con sus dones inestimables. 

Porque es mi íntima convicción, señores, que un 
espléndido porvenir espera a Naciones que entre sus 

92- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

hijos cuenten hombres como nuestro glorioso Almirante, 
nuestro ínclito compatriota Luis Brión". 

Dos días después llegaron a La Guaira con los más 
altos honores las cenizas del Almirante Brión, por ha- 
berse demorado el vapor en Puerto Cabello, y durante 
algunos meses estuvieron depositadas en el local donde 
celebra sus sesiones el Concejo Municipal del Depar- 
tamento Vargas, siendo trasladadas a esta Capital 
según la resolución siguiente: 

"Estados Unidos de Venezuela. — Ministerio de Rela- 
ciones Interiores. — Dirección Política. — Caracas, 
5 de abril de 1882. 

Resuelto : 

De conformidad con la Resolución dictada por este 
Ministerio con fecha 27 de agosto de 1881, los restos del 
Ilustre Procer de la Independencia Almirante Luis 
Brión, que se hallan depositados en el puerto de La 
Guaira, serán trasladados a esta capital el día 8 del 
corriente y colocados en el Panteón Nacional el 10 del 
mismo. Al efecto, se nombra una comisión compuesta 
de los ciudadanos General José T. Roldan, L. C. Boyé, 
Tomás Golding y Guillermo Golding, para conducir 
dichos restos de La Guaira a esta Capital. 

Comuniqúese y publíquese. 

Por el Ejecutivo Nacional. 

Ezequiel Ma. González". 

En la Comandancia de Armas estuvieron en Capi- 
lla ardiente dos días aquelllos queridos despojos, siendo 

—93 



EL ALMIRANTE B R 1 O N 

conducidos el día 10 al Panteón Nacional con los más 
regios honores militares, según el siguiente programa 
que presidió la triunfal e imponente procesión que jus- 
tamente conmovió al pueblo de Caracas : 

"I. — Carroza que contendrá las reliquias del Almi- 
rante Brión, General en Jefe del Ejército patriota. 

II. — Carroza con la urna que contendrá los restos 
del General de División del Ejército Patriota, Daniel 
F. O'Leary. 

III.— Banda Marcial. 

IV. — El Presidente de la República, General Guz- 
mán Blanco, Ministros del Despacho Ejecutivo, los 
nietos del Almirante Brión y los hijos del General O' 
Leary, el Cuerpo Diplomático y Consular, el Secretario 
General del Presidente de la República y Cuerpo de 
Edecanes, los miembros del Senado y de la Cámara de 
Diputados, el Consejo Federal, la Alta Corte Federal, 
la Corte de Casación, el Ilustrísimo señor Arzobispo 
y el Clero, los Directores y Empleados de los Ministe- 
rios, las Cortes de Justicia y los Tribunales del Distrito 
Federal, los miembros de la Universidad Central, los 
Directores de Correos y de Telégrafos Federales, los Pre- 
fectos del Distrito Federal, los miembros del Tribunal de 
Cuentas y de las Tesorerías. 

V. — Representación de las Ciencias, de las Artes 
y de las Industrias y de todos los Gremios debidamente 
constituidos. 

Las fuerzas nacionales vestidas de rigurosa 
gala, con sus respectivas bandas y tendidas en alas 
con banderas desplegadas, harán los honeres de or- 
denanza en el trayecto comprendido de la Comandancia 
de Armas (6) al Panteón Nacional". 

94— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Y como acaso a algunos cause extrañeza que dichos 
restos fuesen conducidos al templo de los inmortales en 
lejana fecha, esto tiene una sencilla explicación que pa- 
samos a hacer. 

Como es sabido, el General Guzmán Blanco, en su 
carácter de Presidente de la República, siempre fué 
un hombre que dio el mayor relieve de solemnidad a los 
actos oficiales y más aún a aquellos que decretaba para 
honrar la memoria de nuestros Libertadores. 

Pues bien, como quisiera extremar sus sentimien- 
tos patrióticos, dispuso que el mismo día y a la misma 
hora se efectuara la inhumación de las cenizas del 

Almirante Brión y del General Daniel F. O' Leary : el 
primero, el mejor amigo del Padre de la Patria y el más 
abnegado de los Libertadores, como en otra ocasión he- 
mos dicho ; y el segundo, un tan gran hombre, que bien 
merecían el uno y el otro aquellos homenajes especiales 
consagrados a su gloria, que la posteridad no olvidará. 

Huelga decir, pues, que el Panteón Nacional se vio 
como nunca, luciendo con derroche de lujo las más ricas 
y simbólicas combinaciones artísticas, embalsamando 
el augusto santuario el aroma que exhalaban las flores 
de todos nuestros jardines. 

Y si fué regia la parte decorativa del Panteón, fué 
majestuosa la hora de aquella apoteosis sin precedente en 
los anales de nuestra historia. 

El Gobierno, los Gremios, nuestras matronas, el 
pueblo, en una palabra, tomaron la más patriótica parti- 
cipación en aquellos actos que revistieron la mayor pom- 
pa, en tanto que en la Plaza del Panteón las bandas mar- 
ciales, alternando con el estampido de la artillería, eje- 

-95 



EL ALMIRANTE B R I O N 

cutaban marchas triunfales, dejándose oir asimismo 
nuestro Himno Nacional. 

Y, en medio al mayor recogimiento, llegado el mo- 
mento oportuno, subió a la tribuna el General Carlos 
T. Irwin, Ministro de Guerra y Marina, quien elocuen- 
temente hiciera la apología del ilustre Almirante Brión 
en los siguientes términos : 

"Ilustre Americano Presidente de la República: 
Señores : 

Acabamos de pagar una deuda, de cumplir un de- 
ber: acabamos de depositar en este templo consagrado 
por Guzmán Blanco a la religión de la Gloria, los restos 
venerandos de uno de aquelos varones eminentes que 
contribuyeron a cambiar la faz política del mundo 
americano, trocando el caduco principio del derecho di- 
vino de los reyes, por ese nuevo evangelio de las modernas 
generaciones, que se llama el derecho de los pueblos. 

Entre marciales honras ; con la pompa debida a sus 
merecimientos; cantados en las épicas liras de dos razas 
desemejantes ; y trayendo aún frescos y olorosos los 
laureles de Margarita, Guayana y Magdalena, acabamos 
de colocar en el Panteón de la República, los mortales 
despojos del Almirante Luis Brión. 

Me parece, señores, que el genio de Colombia la 
magnifica, y los sagrados manes de todos nuestros hé- 
roes, descendiendo desde el empíreo de la inmortalidad 
a presenciar esta apoteosis, se ciernen sobre esas urnas 
funerarias, llenas de humano polvo, pero de las cuales 
se desprenderán eternamente relámpagos de gloria y 
alientos de libertad. 

96- 



J. M. S E I J A S GARCÍA 

Cómo se ofusca a veces, señores, la inteligencia del 
hombre y se llena de tinieblas y se resiste a percibir la 
verdad por más que se la coloque entre torrentes de luz. 

Desde el origen de las sociedades, cualquiera que 
haya sido la razón determinante de las agrupaciones hu- 
manas, su ley moral, sus religiosas creencias y el grado 
que hayan alcanzado en la escala de la , civilización, 
siempre, sobre la porción ordinaria de esas colectivida- 
des, se han presentado seres superiores, elegidos por 
Dios, para ensalzar sus obras; siempre, sobre la masa de 
los espíritus superficiales, que se evaporan, han apare- 
cido caracteres acentuados, espíritus fuertes que, ya 
con el corazón, ya con la mente, ora llamándose Moisés 
o Alejandro, ora Confucio o Carlomagno, sacuden, des- 
piertan, transfiguran los pueblos, y, comunicándoles 
nuevo aliento y acelerando la palpitación de sus cora- 
zones, los lanzan en el torrente del progreso para que 
sean arrastrados hacia esa redención que se alcanza a 
distinguir a través de las faces sucesivas de la His- 
toria. 

A esos hombres que, como medios de los eternos 
designios, aparecen en los momentos críticos de las co- 
munidades humanas; que vienen, no para encerrarse en 
la órbita estrecha de sus individualidades, sino para es- 
parcir en dilatado radio el calor de sus mentes y darse 
en holocausto a la común felicidad; a esos hombres, 
"que contrariados las más veces por los mismos a quie- 
nes pretenden redimir, se ven forzados a imponer el 
bien, aún a costa de sus humanitarios sentimientos" ; 
a esos hombres, necesidades de Dios, almas del mundo, 
la gratitud de los pueblos en todas épocas, los ha co- 

-97 



EL ALMIRANTE B R I O N 

locado sobre el pedestal de los héroes y hasta en el ara 
misma de los inmortales. 

Sin embargo, se dice que la muerte, esa última 
incógnita despejada ya por todas estas tumbas, nivela 
a los hombres y pasa su formidable guadaña sobre todas 
las jerarquías de la humanidad; se dice que en la profun- 
didad del sepulcro y bajo la arena que cubre los cadáve- 
res, desaparecen las grandezas de la tierra y se extin- 
guen las vanidades de la vida. 

¡ Mentira ! 

Sin necesidad de apelar al testimonio de la historia ; 
sin tener que remover el polvo de los desaparecidos 
imperios: aquella tumba, para todos nosotros sacratí- 
simo altar ; aquella tumba y todos estos mármoles pro- 
testan contra esas perturbaciones del sentimiento; con- 
tra esas enfermedades de la razón que enflaquecen el 
espíritu y cortan el vuelo de las grandes almas. 

Para sostener nuestras conciencias a ese absurdo, 
que bien podríamos llamar el ateísmo de la Gloria, sería 
necesario que nos habituaran a creer en la esterilidad 
de la virtud, en lo inútil de la sabiduría, en lo infecundo 
del genio, y en la impotencia de todos los esfuerzos hu- 
manos en el sentido del bien ; sería preciso apagar con 
lágrimas de desesperación el fuego encendido por Dios 
en las sublimes mentes ; negar el desenvolvimiento pro- 
gresivo de la humanidad ; desmentir la enseñanza de los 
siglos y, despedazando las homéricas liras sentarnos 
a llorar como el profeta sobre las ruinas de todo lo 
bueno, de todo lo bello, de todo lo justo y de todo lo gran- 
de. Nó! La muerte no nivela las tallas del corazón; 
la muerte no iguala las magnitudes del espíritu, ni con- 
funde las almas de Commodo y Nerón con las almas de 

98— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Tito y Marco- Aurelio. En la tumba, el que fué gran- 
de, se queda grande . . . Después de la vida de la carne 
viene para los bienhechores de la humanidad la vida de 
la Historia : después de la vida el tiempo, la vida de la 
inmortalidad. 

Cuando desaparecen astros encendidos por Dios 
para iluminar los tenebrosos caminos de la humana 
raza ; cuando se ocultan hasta los horizontes de la ma- 
teria, para continuar sus revoluciones en lo infinito, el 
mundo se apodera de sus nombres, recoge sus hechos, 
se hace dueño de sus glorias, condensa los rayos de luz 
desprendidos de su frente, y con el esfuerzo poderoso del 
entusiasmo los arroja a la posteridad convertidos en 
bronce, en mármoles y cantos. 

El hombre ilustre no es el sueño de la noche que se 
disipa a la resurrección del día. Además de la inmor- 
talidad del cielo, hay para él la inmortalidad de la tierra. 
¿ Qué le importa a Sócrates la cicuta del fanatismo, ni 
qué a César el puñal del crimen? Para esas glorias 
no hay tumbas ; Dios mismo, señores, sería injusto,* si 
borrara de la memoria humana tales nombres. 

Mientras los mundos, rueden sin desprenderse del 
espacio, vivirá Newton ; mientras el rayo habite en el 
seno de la nube, vivirá Franklin; mientras crujan los 
polos de la tierra vivirá Copérnico ; mientras hierva en 
el corazón humano el sentimiento de la libertad vivirá 
Bolívar, y vivirán esos héroes. 

Cambiad, modificad, transfigurad en nombre del 
progreso lo que existe en la inmensa extensión de Ve- 
nezuela, ¿qué importa? Mañana el libro, pan eucaris- 
tía) del entendimiento, desde la cabana del pescador; 
mañana la misteriosa palabra del alambre eléctrico, des- 

—99 



EL ALMIRANTE B R I O N 

de todo el perímetro de la República ; mañana el silbido 
de la locomotora alentando el espíritu del trabajo, desde 
el monte al valle; mañana las palmas del Avila, al in- 
clinarse enamoradas sobre las flores del Calvario, su- 
surrarán de continuo el nombre de Guzmán Blanco como 
aún murmuran las ondas del Caribe mar, el imperece- 
dero nombre de Colón. 

Mirad, señores; sesenta años hacía que reposaban 
en humilde tumba los restos venerandos del único Al- 
mirante de Colombia ; sin embargo, ni la mano del ol- 
vido consiguió borrar su nombre de la memoria de la 
Patria, ni pudo la ingratitud privarlo de la tumba de- 
bida a sus merecimientos. Hoy está aquí, al lado del 
Sol a quien sirviera un día de espléndido planeta ; hoy 
está aquí, viviendo en la historia de la República, en el 
corazón de sus conciudadanos y tomando parte en la fe- 
licidad de la Patria. 

Dejemos a los Plutarcos, Diódoros y Valerios 
Máximos referir a las futuras edades los hechos ad- 
mirables de ese distinguido adalid de la Independencia 
Colombiana. Fué una vida tan fecunda en prodigiosos 
hechos y en heroicas virtudes, que sería imposible re- 
ducirla a los estrechos límites de un discurso apologé- 
tico sin apagar en parte su esplendor. 

Nacido Brión en el último tercio del pasado siglo, 
sintióse poseído por el espíritu de aquella época titánica 
en que quedaron abatidos los soberbios y ensalzados, 
los humildes de la tierra. 

Oyó el grito de libertad lanzado por el mundo; 
aprendió de memoria en el suelo mismo de la Europa, 
el himno de los derechos del hombre, entonado por todos 
los desheredados de la Francia ; constituyóse en apóstol 

100— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

ferviente de aquel símbolo; trajo a la América el verbo 
redentor ; y dio, sin medida, fortuna y sangre. 

Escogió el mar para teatro de sus operaciones, no 
por uno de esos cálculos en que las conveniencias de la 
vida dominan las inclinaciones de la voluntad, sino 
porque entre su alma y el océano existían las simpatías 
de la inmensidad. 

En el rugido del huracán habituó su espíritu al rugi- 
do del combate ; y en las cóleras de la naturaleza aprendió 
a desafiar las cóleras del hombre. 

Para comprender la significación de Brión duran- 
te la lucha de nuestra política de emancipación, diga- 
mos lo que desde Kinsgton le escribía en días de infor- 
tunio el creador de Colombia : "No sé, — le dice — , lo que 
debo admirar más en usted, si su generosidad, su patrio- 
tismo o su bondad. Es preciso que usted sea de un ca- 
rácter extrordinario, para que se sacrifique por los in- 
tereses de una causa que sus propias criaturas despeda- 
zan. Es preciso, amigo Brión, que a usted se le tribute 
el honor de ser el mejor protector de la América y el 
más liberal de los hombres". 

Eso dijo de Brión aquel que, inclinado como Dios 
sobre los bordes del caos, hablaba y producía luz. 

Escuchemos ahora el gemido de la Gran República 
al ver desaparecer aquella vida tan útil a la libertad : 

"Ha muerto Brión, dijo la Gaceta Oficial de Cúcu- 
ta, pero la Patria agradecida, jamás olvidará los inmen- 
sos servicios que ha rendido en los tiempos aciagos en 
que luchaba por su independencia. Los colombianos 
recordarán eternamente con gratitud y admiración a 
este preclaro varón". 

—101 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Así lloró la Patria y desde el uno al otro mar que 
bañan las americanas costas, estremecióse dolorida el 
alma de Colombia. 

Oigamos finalmente el veredicto de la Historia en 
la palabra del más erudito biógrafo nacional : "El Al- 
mirante Brión, — dice Azpurúa — , fué uno de los más 
conspicuos partidarios de la Causa americana, que pro- 
clamó Caracas el 19 de Abril de 1810 y de los más asi- 
duos, desinteresados y honrados servidores de la lucha 
magna de la independencia. 

La Historia de la Gran República se ocupa en 
términos honoríficos en centenares de páginas, al tratar 
de los servicios de Brión". 

I Qué añadir a la palabra de Bolívar, al sentimiento 
de la Patria y al verbo de la Historia ? 

Nada. 

Los eclipses no apagan las lumbreras del firma- 
mento, ni la muerte aniquila el esplendor de los Héroes. 
Para ellos se templan las galénicas arpas ; se cincelan 
los mármoles de Paros y de Carrara ; se convierte el 
bronce en líquido ígneo; se condensan sobre el lienzo 
los colores del iris y escriben sus imperecederas páginas 
Osián, Lucrecio y Apolonio. 

Roto puede quedar por la mano del tiempo el frágil 
vaso ; pero el bálsamo contenido por más que se derrame 
no perece. 

Así es el hombre! 

¡Dejad que duerma! ¿Qué importa? Frotad la 
materia fosforescente y se producirá la luz ; abrid el 
Timeo y aparecerá Platón; hablad de libertad y como 
la Pitonisa de Endor, haréis surgir de sus tumbas a 
nuestros héroes. 

102— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Luis Brión es el hombre-idea y por consiguiente 
inmortal". 

Después de este brillante discurso, muy digno por 
cierto de la elocuencia de aquel eminente orador, como 
asimismo de la merecida apoteosis del Almirante Brión, 
el Presidente de la República firmó el primero la si- 
guiente acta que hemos copiado del libro respectivo. 

"En la ciudad de Caracas, a los diez días del mes 
de abril de 1882, en cumplimiento de las Resoluciones 
del Presidente de la República de 27 de agosto de 1881 
y 5 del presente, se ha dado colocación en el Panteón 
Nacional a los restos del Almirante Luis Brión, Ilustre 
Procer de la Independencia, en presencia del Ilustre 
Americano, General Guzmán Blanco, Presidente de la 
República, de los Ministros del Despacho, de los Miem- 
bros del Consejo Federal, de los Senadores y Diputados 
al Congreso Nacional, de los Vocales de la Alta Corte 
Federal y de la Corte de Casación, del Gobernador del 
Distrito Federal, del Secretario General y de los em- 
pleados nacionales residentes en el Distrito Federal y 
le los señores Tomás y Guillermo Golding, deudos del 
Umirante. 

El Almirante Luis Brión, nació en Curazao en 1783. 
Empezó sus servicios en la Causa de la Indepen- 
dida Americana prestándolos espontáneamente al Go- 
br-no Republicano de Cartagena. En 1815 dio al Li- 
be.ador sus buques habilitados y cuantiosos elementos 
de-uerra, que representaban un fuerte capital. 

Posteriormente fué nombrado Almirante de la Re- 
púb-a, y como tal condujo la escuadra expedicionaria 
de 116 y favoreció las operaciones que se ejecutaban 
por arcelona, haciendo frente a los bajeles españoles. 

—103 



EL ALMIRANTE B R I O N 

Cooperó con su pericia de marino y su constancia y va- 
lor al buen éxito de las combinaciones en el Alto Llano 
y Guayana, y obligó al General La Torre a evacuar a 
Angostura. Fué Presidente de la Sección de Guerra 
y Marina en el Consejo de Estado. En 1818 protegió 
la aproximación a Guayana y desembarco en Angos- 
tura de las Legiones Extranjeras que esperaba el Li- 
bertador y concurrió a los sucesos en el Oriente hasta 
1819, mientras Bolívar consumaba la campaña de Nue- 
va Granada. Contribuyó eficazmente a la segundi 
Expedición de "Los Cayos". 

Fué el único Almirante de Colombia. Murió en 
Curazao el 27 de setiembre de 1821. Y para constancia 
de este acto, se levanta la presente Acta, que firman el 
Presidente de la República, General Guzmán Blanco, 
los Ministros del Despacho, los miembros del Consejo 
Federal, los Senadores y Diputados al Congreso Na- 
cional, la Alta Corte Federal y Corte de Casación, el 
Gobernador del Distrito Federal, el Secretario General 
y el Inspector del Panteón Nacional. 

Nota: Al ser abierta la urna que contenía los resi 
tos, se encontró dentro una cajita con las letras L. B 
las cuales estaban colocadas en el ataúd, ya deshecho, áov 
de fué sepultado el cadáver de Brión en 1821, y por dr 
posición del Presidente de la República fué destinada/1 
Museo Nacional, haciéndose constar en esta Acta p/a 
la autenticidad. / 

Guzmán Blañc/ 

Ezequiel Ma. González, M. Carabaño, R. Azpjúa, 
Rafael Seijas, Andrés Ma. Caballero, Aníbal Donkici, 
Lorenzo B adulo, Carlos T. Irzvin, N. Augusto ¡ello, 

104— 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

Nicanor Borges, Juan Tomás Peres, F. Fuga, J. V. 
Guevara, A. D. Ramos, E. Lima, F rollan Anzola, J . 
Francisco Castillo, D. J. Gusmán Bastardo, Eladio 
Lar a, J. I. Amal, Fulgencio M. Carias, D. A. Hernán- 
des, E. Gonsáles Carrera, Demóstenes Trujillo, Fran- 
cisco Vár guillas, J. B. P alenda, J. M. .Baquero Hurta- 
do, Pablo Borjas, Juan de J. Vargas, Federico Pimentel, 
J. M. Ortega Martines, Tomás Lander, Fernando Ur- 
daneta, Santiago S anches, Carlos Anderson, D. Cas- 
tro, Diego Navas Spinola, Francisco Solano, R. Gon- 
sáles, Vicente R. Ibarra, Pilar Bracho, Leónidas An- 
sola, Tulio Alvares de Lugo, Pedro Centeno, Virginio 
Rosales, José G. Carrera, H. E. Álamo, Miguel G. Oro- 
pesa, Luis M. García, Federico Uslar, Luciano Agosti- 
ni, Luis F. Rodrigues" '.' 

Para finalizar estas líneas creemos de nuestro de- 
ber decir que los colombianos no le han hecho aún la 
debida justicia a su impoluto Almirante, ni nosotros 
tampoco. 

Lo que Venezuela ha acordado para honrar la me- 
moria de aquel su segundo excelso Libertador, si mal 
no recordamos, consiste apenas en haber dispuesto la 
traslación de sus huesos al Panteón Nacional y que. su 
retrato (7) fuese colocado en el Salón Elíptico entre los 
de aquellos que la Patria redimieran : eso es todo. 

Ya antes de esto y con el fin de proteger la nave- 
gación del Orinoco, el Libertador hizo construir un 
fuerte en 1817, al que distinguió con el nombre de 
"Brión", que es la única obra de aquellos tiempos que 
recuerda los eminentes servicios que el Almirante pres- 
tara a la Gran Colombia. 

—IOS 



EL ALMIRANTE B R I O N 

El Estado Miranda cuenta entre sus Distritos orien- 
tales uno que lleva el nombre de Brión (Higuerote, don- 
de tiene una estatua), y no sabemos de ninguna otra 
entidad federal que haya hecho lo mismo. 

Así, pues, los que lean estas páginas, no deben ex- 
trañar que nosotros reclamemos de nuestra Patria otros 
honores que consagren la memoria del Almirante Brión. 

I^a presente y las futuras generaciones deben co- 
nocer objetivamente también a aquel varón sin tacha, 
que es timbre de orgullo de la humanidad; y los extra- 
ños que nos visiten, asimismo, deben conocerle, para que 
mejor cuenta se den de la importancia de los hombres 
que brillaron con luz propia en la epopeya nacional. 

Y la posteridad, en definitiva, no olvidará el día 
en que nosotros cumplamos con aquella sagrada deuda 
de gratitud, que naturalmente elevará ante la historia 
nuestro nivel moral. 

Nos referimos, pues, a la estatua que la Nación 
agradecida está en el ineludible deber de erigir a su no- 
ble Almirante y Libertador, el mejor amigo de América 
y el más liberal de los hombres. 

Mas, dicho bronce debe ser de lo más imponente, 
no debiendo encargarse su ejecución sino a un artista 
consagrado, que ponga además de su parte todo aquello 
que contribuya a hacer una obra heroica, que evoque el 
pasado y le hable al porvenir. 

La estatua pudiera ser modelada en su guerrera 
nave El Intrépido Bolívar, o sin ésta, pedestre, de uni- 
forme, de la mayor altura posible y en actitud arrogan- 
te, como cuadra a sus hechos heroicos, llevando en su 
pecho la medalla de los Libertadores y advirtiéndose en 
su gesto épico la fe en el triunfo de su causa. 

106— 



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En el pedestal bien cuadrarían los Escudos de la 
Gran Colombia y de Holanda. — Las fechas , en que na- 
ciera y muriera el Almirante y las palabras de éste al 
Libertador en 1815 : "La nueva expedición tendrá buen 
suceso, porque su nombre vale más que cien ejércitos 
y porque toda contrariedad al triunfo de la santa 
causa de esta América deberá hacerla frustránea el pa- 
triotismo perseverante". Y asimismo, las palabras del 
Libertador al Almirante en aquel mismo año : "Es pre- 
ciso que usted sea de un carácter extraordinario para que 
se sacrifique sin reserva por los intereses de una causa 
que sus propias criaturas despedazan. 

Es preciso, amigo Brión, que a usted se le tribute 
el honor de ser el protector de la América y el más liberal 
de los hombres". 

Asimismo, en dicho pedestal quedarían muy bien 
las palabras del Almirante en la carta que dirigiera a su 
familia en 1814: "Me he hecho ciudadano de Venezue- 
la, adoptando como mi patria este país, por cuya causa 
quiero vivir y morir". 

Empero, con la erección de la estatua todavía no 
habremos cumplido ni a medias con nuestros tradicio- 
nales deberes históricos, que son muchos y que jamás 
cumpliremos en toda su amplitud. 

Es preciso, pues, la creación de un parque que lleve 
el nombre de nuestro querido e inolvidable compatriota 
(Brión se hizo venezolano en 1814, como en otro lugar 
decimos), y ese nuevo parque será propicio al mejor 
suceso de las fiestas del árbol, donde los niños comen- 
zarán a rendirle sus primeros tributos. 

Y como en los programas oficiales de la instrucción 
primaria está incluida hoy la enseñanza cívica, ya es 

—107 



EL ALMIRANTE B R I O N 

tiempo de que los párvulos de hoy que serán los defen- 
sores de la República mañana, en sus tareas escolares, 
vayan conociendo la altísima personalidad del Almiran- 
te Brión, el más caracterizado de los Proceres de nuestra 
Independencia. 

Asimismo, algunas de las escuelas federales de los 
Estados debieran llevar el nombre de Brión, lo mismo 
que algunas obras de utilidad pública que se vayan 
haciendo en lo porvenir. 

. Y el lugar indicado para fijar por siempre la esta- 
tua a que nos hemos referido, es, precisamente, la Plaza 
de la Ley, por hallarse ésta en el centro de la ciudad y 
muy cerca de la que lleva el glorioso nombre de Bolívar. 

Bien quedaría ahí el bronce reparador, para estímu- 
lo del presente y enseñanza del porvenir; y, además, 
para que sepan los extraños todos que la justicia nacio- 
nal es distributiva ; y, en otras palabras, que solo se va- 
lora el mérito intrínseco en lo que en si es, sin atender a 
mezquinas pasiones. 

Para nosotros son tan dignos de la historia y de los 
mayores homenajes postumos aquellos valientes que in- 
tegraron la Legión Británica, que los venezolanos que 
combatieron en los campos inmortales de Boyacá y de Ca- 
rabobo. 

De suerte, pues, que en los presentes momentos de 
edificantes rectificaciones históricas, todo lo que se diga, 
todo lo que se haga, es sencillamente el complemento de 
un elemental deber de gratitud para con todos nuestros 
incomparables Libertadores. 

Empero, entre todos estos ocupa un puesto el más 
culminante, el Almirante Brión, y si ya hemos dicho 
que por muchos respectos es digno de la estatuaria, no 

108- 



/. M. S E I J A S GARCÍA 

debemos silenciar que en el Panteón Nacional apenas 
existe una lápida en el suelo con el No. 37, que dice : 
"Luis Brión. 1783-1821", cuando en aquel augusto re- 
cinto debiera existir un monumento especial y hasta 
lo más rico posible en materia de arte que fuera la admi- 
ración de la posteridad misma. 

Todavía más, creemos que nuestros poetas épicos 
están en el deber de componer el Himno Brión, para que 
sea cantado en las escuelas federales en los días de sus 
respectivos exámenes. 

Antes de terminar nos creemos en el deber de hacer 
algunas necesarias rectificaciones en obsequio de la ver- 
dad histórica. 

El Almirante Brión no nació en 1783, como dice 
el acta del Panteón — copiada textualmente — , sino un 
año antes, como aparece en la Partida de Bautismo que 
asimismo figura en estas páginas. 

Lo que sí es cierto es que la cajita que se encontrara 
en la urna que encerrara los restos de aquél, existe en 
el Museo Boliviano, donde la hemos visto, lo que pone 
fuera de duda la autenticidad de aquellas cenizas. 

Así, pues, el acta y la lápida del Panteón deben 
corregirse, para que las cosas queden en su debido 
lugar. 

Tenemos que decir también, que el orador titular, 
señor General Carlos T. Irwin, dijo en su oración que, 
según Azpurúa, "la historia de la Gran República se 
ocupa en términos honoríficos en centenares de páginas 
al tratar de los servicios de Brión". 

Y por más que hemos ocurrido a nuestras biblio- 
tecas públicas y privadas, no hemos hallado un solo libro 

—109 



EL ALMIRANTE B R I O N 

consagrado a exponer los servicios del Almirante co- 
lombiano. 

No sabemos, pues, dónde viera el señor Azpurúa 
esas centenares de páginas de que habla, pues, lo repe- 
timos, no existe una sola obra sobre el particular y esto, 
hasta cierto punto, es bochornoso para nosotros. 

El mismo historiógrafo Landaeta Rosales, quien 
dejara escrita hasta la historia de nuestros cementerios, 
nada absolutamente dijo nunca de Brión, como no sea 
lo que dijera en un artículo que publicara en El Uni- 
versal el día 29 de enero de 1913 sobre las espadas del 
Libertador. 

En dicho trabajo dijo que la espada que empuñara 
el Libertador en la batalla de Carabobo, que consolidó 
la Independencia, fué la misma que un año antes le 
regalara el Almirante Brión y en lo que estamos ente- 
ramente de acuerdo (8). 

El sable glorioso que blandiera el Libertador en 
la inmortal batalla de Carabobo, como hemos dicho, fué 
el mismo que le regalara el Almirante Brión en 1820 y 
cuya preciosa reliquia histórica se conserva hoy en 
poder de la honorable familia Urdaneta, de esta capital. 

Eso fué todo lo que escribiera Landaeta Rosales ; 
y por lo que respecta a los demás escritores nacionales, 
es cierto que algunos han citado ligeramente los hechos 
generosos de Brión, no menos que su noble actitud 
en aquellos días trágicos y de prueba, pero ninguno ha 
escrito un libro como exponente de lo uno ni de lo otro. 

Así, pues, para llevar a cabo este humilde opúsculo, 
muchos, muchos papeles hemos tenido que consultar 
y así deficiente y todo como lo presentamos, creemos in- 

110— 



L M. S E I J A S GARCÍA 

genuamente que es lo más completo que hasta ahora se 
haya escrito acerca del Almirante Brión. 

No hemos hecho otra cosa que acumular los datos 
que con mucha paciencia hemos ido adquiriendo, para 
que le sean de algún provecho al escritor que le toque 
en suerte hacer la biografía de nuestro glorioso e inol- 
vidable Almirante Brión (9). 



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NOTAS 



Nota No. 1, pág. 3. — Con motivo de cumplirse el día 27 de setiembre 
último el centenario de la muerte del ilustre Almirante Luis Brión, el 
Gobierno Nacional dictó la Resolución siguiente : 

"Estados Unidos de Venezuela. — Ministerio de Relaciones Interiores. — Di- 
rección Política. — Caracas : 26 de septiembre de 1921. — 112 9 y 63° 

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Resuelto : 

En consideración de que el día 27 del presente mes se cumple el pri- 
mer centenario de la muerte del Almirante Luis Brión, cuya memoria 
será perdurable en los fastos de la Independencia de Venezuela por sus 
abnegados y constantes servicios a aquella sagrada Causa y su fiel amistad 
al Libertador, el ciudadano Presidente Provisional de la República ha 
tenido a bien disponer que en homenaje a la preclara memoria de aquel 
Ilustre Patricio se celebren los actos siguientes : 

l 9 A las once a. m. se ofrendará por el Ministro de Relaciones In- 
teriores sobre la tumba del Almirante Brión en el Panteón Nacional una 
corona a nombre del Ejecutivo Federal. 

2 ? El ciudadano Presidente Provisional de la República excitará a 
la Municipalidad de Caracas a que se dé el nombre de Avenida Brión a la 
Calle Este 4, en la parte comprendida del nuevo puente sobre Anauco, 
hasta la terminación del ensanche de la ciudad. 

Comuniqúese y publíquese. 
Por el Ejecutivo Federal, 

Ignacio Andrade". 

—113 



NOTAS 

Y por iniciativa del señor Andrés Pacheco Miranda, un núcleo de 
patriotas de la culta ciudad de Guarenas se constituyó en Junta, con el 
fin de celebrar aquella efemérides de la manera más digna. 

Así, pues, el 27 de setiembre fué declarado día de fiesta, designando 
la Municipalidad una de sus mejores calles con el nombre de Brión y co- 
locando el retrato de éste en el Salón donde celebra sus sesiones. 

Además, los mismos distinguidos hijos de la noble ciudad de Guare- 
nas han creado el "Premio Brión", para galardonar con él anualmente a 
los niños más aprovechados en sus labores escolares. 

También Higuerote celebró con el mayor entusiasmo el Centenario del 
bravo Almirante, cuyo nombre ilustra los anales de nuestra historia y 
honra asimismo aquel importante Distrito, el primero en la República que 
pagara su tributo de justicia "al mejor amigo de América y más liberal 
de los hombres", según las propias palabras del Libertador. 

Nota No. 2, pág. 21. — Estos buques apresados al abordaje eran man- 
dados por Don Rafael Iglesias, quien muriera como un valiente en aquella 
acción naval. 

Nota No 3, pág. 30. — Después del Generalísimo Francisco de Miranda 
y del Libertador, nuestro Ejército Patriota sólo contó con los siguientes 
Generales en Jefe: Luis Brión, Santiago Marino, Manuel Piar, José Félix 
Ribas, Juan Bautista Arismendi, Rafael Urdaneta, José Francisco Bermú- 
dez, José Antonio Páez y Antonio José de Sucre, quien si no prestó ma- 
yores servicios a Venezuela, bien merecía aquel título, como el de Gran 
Mariscal que le otorgara el Libertador después de la batalla de Ayacucho, 
con fecha 27 de diciembre de 1824, que el Congreso Constituyente del Perú 
ratificara el día 12 de febrero de 1825. 

Nota No. 4, pág. 25. — Se refiere a la actitud de Arismendi en aquellos 
días. 

Nota No. 5, pág 58. — Con este sable dirigió el Libertador la batalla de Ca- 
rabobo el 24 de junio de 1821. 

Nota No .6, pág. 94. — La Comandancia de Armas estaba entonces en 
el edificio que ocupa el Ministerio de Obras Públicas, situado entre las 
esquinas de El Principal y Santa Capilla. 

Nota No. 7, pág. 105. — Y este retrato fue colocado solemnemente en el 
Salón Elíptico, por disposición del General Juan Vicente Gómez, Presidente 
de la República, el día 5 de julio de 1913, pudiendo decirse en justicia que 



114— 



NOTAS 

sólo tres Jefes de Estado le han hecho hasta ahora justicia al gran Almiran- 
te Brión : Bolívar, Guzmán Blanco y Gómez. 

Nota No. 8, pág. 1 10. — El sable glorioso que blandiera el Libertador en 
la inmortal batalla de Carabobo, como hemos dicho, fué el mismo que le 
regalara el Almirante Brión en 1820 y cuya preciosa reliquia histórica sé 
conserva hoy en poder de la honorable familia Urdaneta, de esta capital. 

Nota No. 9, pág 111. — La información de la parte privada o familiar 
nos la ha proporcionado nuestro distinguido amigo señor G. Franco 
Golding, biznieto del Almirante Brión. 

Próximamente publicaremos la segunda edición de nuestra agotada 
obra "El Libertador en la adversidad y ante la Historia", considerablemen- 
te aumentada con los Capítulos documentados siguientes : La Campaña 
admirable, El Libertador y sus ideas religiosas, El Padre de la Patria y 
la degollación de los Capuchinos del Caroní y Documentos del Libertador. 

Asimismo, estamos reuniendo documentos para la biografía que te- 
nemos en preparación del ilustre Procer de la Independencia, General Daniel 
Florencio O'Leary, quien por muchas razones, como Brión, es digno de 
los honores de la estatuaria y de muchos otros homenajes más que le debe 
a su grata memoria la gratitud nacional, la justicia histórica. 



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This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 


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Form No. 513 









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